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MIDA LA EFECTIVIDAD DE SUS REDES SOCIALES Y SU E MARKETING: ROI

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Tomado de

Andrés Venegas Piedrahita

 

“Return On Investment, The earning power of assets measured as the ratio of the net income (profit less depreciation) to the average capital employed (or equity capital) in a company or project. Expressed usually as a percentage, return on investment is a measure of profitability that indicates whether or not a company is using its resources in an efficient manner” (BusinessDictionary.com, 2016)

Para los Marketers el ROI sigue siendo un reto superior o un mundo desconocido, incluso no entienden la importancia de este, de su formulación básica para calcular el rendimiento de cada inversión (Emailmanager, 2013). El ROI es mucho más que una herramienta de cálculo o método financiero, este nos puede ayudar a súper retos de mediciones más comunes, saber que medir y cuando, tamizando los datos para identificar las variables clave que afectan el rendimiento de la inversión.

Se podría decir que es un parámetro muy útil para cuantificar en cuanto a resultados, adicionalmente encontrando el ROI en mercadeo y ventas nos permite determinar la inversión y cuanto de esto se retorna a la organización. Un estudio realizado por la universidad de Columbia – Business School encontró que los Marketers saben la importancia del marketing ROI sobretodo en la era del Big-Data, sin embargo estos no saben cómo calcularlo o simplemente no lo implementan dado que creen que solo calculando el aumento de seguidores o manejando las audiencias ya están realizando un marketing ROI (4imprint , 2014).

Dado que los Marketers o las agencias digitales construyen las métricas o más específicamente entregan los resultados según el número de seguidores, clicks y likes que generan las campañas. Estos solo sirven para medir los resultados de cada compaña o los objetivos planteados en términos de exposición, interés e involucramiento de los consumidores, clientes o potenciales, pero estas no están enfocadas a los costes e ingresos monetarios. Los cuales son los que miden realmente el beneficio de cada campaña ( PuroMarketing, 2013). “Los likes y los clicks no son ventas ni nuevos clientes”

Algunos de los resultados puntuales del estudio realizado por la universidad de Columbia – Business School son; el 31% de los encuestados dijeron que creen que la simple medición de la audiencia a la que se ha llegado es “retorno de la inversión”. Además, el 57% no están basando sus presupuestos de marketing en ningún análisis de retorno de la inversión , y el 28 % todavía están basando los presupuestos de marketing en los instintos viscerales (4imprint , 2014).

Es por esto que se debe calcular el ROI, para lograr cuantificar económicamente si las campañas realizadas están teniendo el éxito monetario esperado. Con esto podemos evaluar en detalle cuanto ha generado cada peso que hemos invertido. Para calcular el ROI dentro de las campañas digitales se deben medir los costos y las ventas en función de un tiempo determinado y de una atribución de fuente de tráfico (Beattie, 2016).

En diversas investigaciones y artículos he encontrado diferentes pasos para realizar una medición del ROI eficiente (Martínez, 2014) (Kehrer, 2015) (Evergage, 2015) (DeMers, 2014), desde mi punto de vista son seis (6) los pasos con los que lograremos una medición del ROI exitosa.

Identificar que es el marketing ROI y que significa este para la organización.

Con este punto se busca que todos los colaboradores estén alineados con los objetivos y el significado del marketing ROI para que todos puedan estar enfocados en alcanzar o lograr un mismo objetivo.

Conectar los KPIs (Key Performance Indicator – Organizations use KPIs to evaluate their success at reaching targets) (Klipfolio Inc, 2016)

Esta es tal vez una de las medidas más importantes a llevar a cabo dado que se determina un objetivo general y se desglosa en KPIs mucho más específicos, los cuales serán los que se cuantificarán. Como por ejemplo; Número de seguidores, ventas, tiempo en la página, entre otros.

Poner objetivos medibles y realistas

Después de tener los KPIs definidos se deben establecer las métricas más apropiadas. A medida que se adquiera mayor información se deben crear objetivos mucho más retadores y agresivos, pero siempre pensando en que sean medibles y realistas. Es aconsejable realizar una línea de tiempo como guía para tener una frecuencia de medición constante rigurosa, esto se puede realizar de manera simple.

Medición de resultados

Hoy en día es mucho más fácil medir los resultados dadas las herramientas que podemos encontrar en internet, dado que esto nos permite facilitar la recopilación de datos en internet. Una de las más recurrentes es google Anlytics. Esta nos permite extraer datos como paginas visitas, número de visitantes. También podemos encontrar unas más específicas como los son: Klout, Peer Index, Hoot suite Pro, Eloqua, admetricks o Optify.

Interpretación de los resultados

En este punto se comprueba si las acciones llevadas a cabo están siendo exitosas o si se debe modificar la estrategia digital. Esto se logra realizando una verificación de los objetivos KPIs y los resultados esperados.

Comprobación de la estrategia de marketing digital

En la comprobación se debe mirar si el plan de marketing digital está funcionando o no. Si este ha logrado cumplir las metas esperadas o si por lo contrario si estos no han sido los esperados se debe revisar porque no se lograron las metas o cambiar de estrategia. Para poder tomar decisiones cada vez más oportunas se debe contar con una DATA más robusta y poderosa con el fin de tomar decisiones asertivas e incluso para justificar el porqué del presupuesto requerido.

Las campañas digitales con contenidos irrelevantes, horarios inadecuados y la falta de comprensión acerca del ROI, puede hacer mostrar esta rama del marketing poco satisfactoria. Sin embargo las campañas bien realizadas, segmentadas y con contenidos relevantes pueden tener un gran éxito y con alto retorno de inversión (Bernal, 2013).

Desde mi punto de vista dentro del marketing de contenidos o digital, calcular el retorno de inversión es la mejor forma de tomar decisiones, rápidas y oportunas para no desperdiciar recursos. Cuando se diseña una estrategia de marketing online, el ROI es lo primero que se debe empezar a medir, dado que con esto podemos controlar cada uno de los objetivos propuestos, saber si la estrategia propuesta es la correcta, de no serlo sabremos qué camino debemos tomar o reforzar para lograr tener un mayor retorno de la inversión, volviendo este en un 100% de retorno.

Teniendo un alto conocimiento sobre el ROI los empresarios y profesionales del marketing sabrán cómo identificar el rendimiento del negocio, visualizar fácilmente el futuro, logrando realizar los cambios pertinentes con el fin de reducir costos y optimizar las ventas (Emailmanager, 2013). La mejor forma de amortizar el ROI es el tiempo, es por esto que la estrategia digital o de contenidos debe estar proyectada a términos de mediano y largo plazo, logrando crear una audiencia fiel que siempre nos ayude a tener mejores resultados mes a mes. Es normal que una estrategia digital genere beneficios negativos en términos monetarios los primeros meses pero con una estrategia definida, medible y con dedicación hará que vayamos mejorando y viendo los resultados esperados (Villacampa, 2015).

Bibliography

4imprint . (2014, 02 06). 4imprint . Retrieved 04 26, 2016, from 4imprint : http://info.4imprint.com/blue-paper/calculating-ro…

Beattie, A. (2016). INVESTOPEDIA. Retrieved 04 27, 2016, from INVESTOPEDIA: http://www.investopedia.com/articles/personal-fina…

Bernal, A. (2013, 03 14). Adinteractive. Retrieved 04 27, 2016, from Adinteractive: http://www.adinteractive.co/blog-adinteractive/la-…

BusinessDictionary.com. (2016). BusinessDictionary.com. Retrieved 04 26, 2016, from BusinessDictionary.com: http://www.businessdictionary.com/definition/retur…

DeMers, J. (2014, 08 15). Forbes. Retrieved 04 26, 2016, from Forbes: http://www.forbes.com/sites/jaysondemers/2014/08/1…

Emailmanager. (2013, 12 4). Emailmanager. Retrieved 04 26, 2016, from Emailmanager: https://www.emailmanager.com/es/blog/1/1534/el-roi…

Evergage. (2015, 06 15). Evergage. Retrieved 04 26, 2016, from Evergage: http://www.evergage.com/blog/3-ways-how-monitor-ro…

Kehrer, D. (2015, 07 29). Forbes. Retrieved 04 27, 2016, from Forbes: http://www.forbes.com/sites/jpmorganchase/2016/04/…

Klipfolio Inc. (2016). Klipfolio Inc. Retrieved 04 27, 2016, from Klipfolio Inc: https://www.klipfolio.com/resources/kpi-examples

Martínez, L. M. (2014). DMTrends. Retrieved 04 27, 2016, from DMTrends: http://digitalmarketingtrends.es/la-importancia-de…

PuroMarketing. (2013, 09 25). PuroMarketing. Retrieved 04 27, 2016, from PuroMarketing: http://www.puromarketing.com/10/18129/para-como-op…

Villacampa, Ò. (2015, 04 28). Ondho. Retrieved 04 28, 2016, from Ondho: https://www.ondho.com/el-roi-en-el-marketing-de-co…

 

Los reyes magos, ayer y hoy 2007-01-05

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 La imagen puede contener: una persona

Por Leonardo Boff

En Koinonia

En el Segundo Testamento hay dos versiones del nacimiento de Jesús. Una, del evangelio de Lucas, culmina con la adoración de los pastores. Otra, del evangelio de Mateo, se concentra en la adoración de los tres reyes magos. La lección es: judíos y paganos, cada uno a su modo, encuentran a Jesús.

Las Escrituras judeocristianas dejan claro que Dios no se reveló sólo a los judíos. Antes de que surgiera el pueblo de Israel con Abraham, se reveló a Henoc, a Noé, a Melquisedec, después a Balaán, y al rey Ciro. Los reyes magos pertenecen a este grupo. ¿Quiénes eran?

Eran astrólogos venidos probablemente de Babilonia. En aquel tiempo, astronomía y astrología caminaban juntas. Cierto día estos sabios descubrieron una extraña conjunción de Júpiter con Saturno, que los aproximaba de tal forma que parecían una única gran estrella, sobre la constelación de Piscis. Desde el tiempo de Kepler (+1630) los cálculos astronómicos han mostrado que, efectivamente, en el año 6 antes de Cristo (fecha del nacimiento de Cristo según el calendario corregido) tuvo lugar tal conjunción. Para los sabios de la época, este hecho tuvo una gran significación. Júpiter, en la lectura astronómica de aquel tiempo, era el símbolo del Señor del mundo. Saturno era la estrella del pueblo judío. Y la constelación de Piscis era el símbolo del final de los tiempos. Los sabios babilónicos lo interpretaron así: en el pueblo judío (Saturno) nacerá el Señor del mundo (Júpiter) inaugurando el final de los tiempos (Piscis). Por eso se pusieron en camino para rendirle homenaje. Siempre hubo en la historia de los pueblos personas simples o sabios que se pusieron en camino a la búsqueda de salvación, o sea, de una totalidad integradora. Dios salió a su encuentro en sus modos de ser y de pensar.

Pero, ¿por qué se pusieron en camino para buscar a Jesús? Porque, según la comprensión de los cristianos, Jesús es un principio de orden y de creación de una gran síntesis humana, divina y cósmica. Cuando dan el título de “Cristo” a Jesús, quieren expresar esta convicción. Esta síntesis se encuentra también en otras religiones bajo otros nombres: Sabiduría, Logos, Iluminación, Buda, Tao… Éstos son los “ungidos y consagrados” (significado de la palabra “Cristo”) para ser un centro de atracción y unificador de todo lo que hay en el cielo y en la tierra. Cambian los nombres, pero el sentido es siempre el mismo.

Nuestra realidad, por su parte, es contradictoria. Contiene elementos simbólicos y elementos diabólicos, verdad y falsedad, bondad y maldad. ¿Cómo podemos distinguir un aspecto del otro? ¿Cómo crear un orden superior que sobrepase estas contradicciones? Necesitamos un Centro ordenador y animador de una síntesis personal, social y también cósmica.

Los evangelistas usaron el fenómeno astronómico para presentar a Jesús como aquel Señor del Universo que viene bajo la forma de un niño para unificar todo. Esa Energía es divina, pero no exclusiva. Se expresa bajo muchas formas históricas. En Jesús, el Cristo, adquirió una concretización que movilizó a otras culturas con sus sabios venidos de Oriente.

Todos los caminos llevan a Dios y Dios visita los suyos en sus propias historias. Todos están en busca de aquella Energía que se esconde en el significado de la palabra Cristo. Ese encuentro con la Estrella produce hoy, como produjo ayer, alegría y sentimiento de integración. Habrá siempre una estrella en el camino de quien busca. Por eso, lo importante es buscar con la mente siempre despierta a los símbolos, como los reyes magos.

Autovaloración: cuento “El verdadero valor del anillo”

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Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.

 

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

 

El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».

 

-E… encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergados.

 

-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

 

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

 

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

 

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

 

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

 

Entró en la habitación.

 

– Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

 

– Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

 

El joven volvió a cabalgar.

 

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

 

– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.

– ¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.

– Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…

 

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

 

– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

 

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

VIVIMOS EN LA ERA DE LA IGNORANCIA (II/II): ¿POR QUÉ LOS JÓVENES SON CADA VEZ MÁS IGNORANTES? FILOSOFÍA

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POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO – 01/30/2016

Tomado de http://www.pijamasurf.com/2016/01/vivimos-en-la-era-de-la-ignorancia-por-que-los-jovenes-son-cada-vez-mas-ignorantes/

En un efusivo artículo de 2012 publicado en el New York Review of Books el poeta Charles Simic declaraba que estamos viviendo en la Era de la Ignorancia. Desencantado por las manifestaciones culturales de su país, donde en algún momento el grueso de la población llegó a creer que Saddam Hussein había sido responsable de los ataques del 11 de septiembre o que Obama era musulmán, Simic denunció lo que considera es una “rebelión de mentes opacas en contra de la inteligencia”, por lo cual es acertado concluir “con Sidney Hook que la estupidez es una de las grandes fuerzas de la historia”, todo lo cual es bastante conveniente para la clase política que “resiente a todo aquel que muestra la habilidad de pensar de manera seria e independiente”.

Lo que más me llamó la atención de leer el artículo de Simic, un destacado poeta amigo de Octavio Paz, es su diagnóstico puntual, basado en su observación como profesor universitario de literatura, de que los jóvenes son cada vez más ignorantes, pasan de la escuela a la universidad sin estar preparados y sobre todo adoleciendo en conocimientos de historia. Esto mismo lo detecta Rushkoff en cierta forma en su libro Present Shock: inundados por enormes cantidades de información noticiosa, perdemos las noción de las grandes narrativas, de la continuidad del tiempo y la memoria. Todo es un perpetuo y atiborrado “ahora”. Simic escribe sobre la notable carencia que tienen los jóvenes de las grandes ideas de otros tiempos:

Hemos necesitado muchos años de indiferencia y estupidez para hacernos tan ignorantes como somos hoy. Cualquiera que haya enseñado en una universidad los últimos 40 años, como yo lo he hecho, puede decirte que los estudiantes que salen de la preparatoria cada año saben menos. Primero fue desconcertante, pero ya no sorprende a ningún instructor universitario que los amables y entusiastas jóvenes que se enrolan en las clases no tienen la habilidad de retener la mayoría del material que se enseña. Enseñar literatura inglesa, como yo he hecho, se ha vuelto más difícil cada año, ya que los estudiantes leen menos literatura antes de entrar a la universidad y carecen de la más básica información histórica del período en el que una novela o un poema fue escrito, incluyendo las ideas y los asuntos que ocupaban a las personas de ese momento.

Tengo la impresión de que esto es un fenómeno global. Hablo desde lo que observo en México, pero podemos citar también al exprofesor de Cambridge, Terry Eagleton, quien en un artículo en el mismo tenor que el de Simic denunció la influencia neocapitalista sobre la educación superior, considerando que las universidades son administradas como negocios y que las humanidades están al borde de desaparecer puesto que no pueden competir en la producción de capital con otras carreras. Las impresiones de Simic son sobre los estudiantes en Estados Unidos, el país con la presencia mediática más incisiva del mundo, a la vez también, el país que más influencia tiene el mundo, siendo una especie de oficina central de adoctrinamiento cultural global. Algunos países obtienen lo peor de los dos mundos, son colonizados culturalmente y económicamente, pero no reciben los beneficios materiales de la libre economía y se ven obligados a consumir objetos (como ropa o gadgets) y productos culturales de baja calidad.

Simic hace hincapié en que una de las cosas que se está perdiendo es el conocimiento de la historia –encandilados por el nuevo smartphone que hace desechable todo lo demás (incluyendo nuestra memoria); sin una noción histórica, el pueblo es fácilmente manipulable ya que no tiene el alcance de visión para percibir que los políticos están recurriendo a los mismos trucos o a las mismas falsas promesas que han utilizado antes sin entregar nunca resultados. Como dijo el filósofo George Santayana, “aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”. Me pregunto si, correteando las actualizaciones incesantes que nos hacen llegar nuestros aparatos, no nos estaremos programando para repetir los mismos errores del pasado, pensando que éste ya no existe, que ya lo hemos superado y con él los grandes desafíos de la condición humana. Simic considera que nuestra ignorancia, en el mundo real, nos hace presa fácil de la manipulación política e ideológica. “Para empezar, hay más dinero que ganar de los ignorantes que de las personas educadas, y engañar al pueblo es una de las pocas industrias que seguimos manteniendo en este país. Un pueblo verdaderamente ilustrado sería malo para los políticos y los negocios”.

Cómo explicarnos este incremento en la ignorancia –incremento al menos en lo referente a las bellas artes, a las tradiciones religiosas, a la historia. Simic culpa en Estados Unidos a la educación. “No hay duda de que el Internet y la televisión por cable han permitido que variados intereses políticos y corporativos diseminen desinformación a una escala antes imposible, pero para que eso sea creído es necesaria una población malamente educada y desacostumbrada a verificar las cosas que se le dicen”. Me pregunto si no existe una especie de loop de retroalimentación entre los medios electrónicos y la carencia educativa, uno magnificando el efecto de la otra. Pasamos grandes cantidades de tiempo consumiendo contenido electrónico en forma de snack, pedacería diseñada para atrapar nuestra atención y ante este contenido –hecho a la medida de nuestra dopamina– las películas de cine de arte, los libros de filosofía clásica o las novelas de autores de hace más de 50 años nos parecen aburridas. En inglés se ha creado el término “infotainment” para referirse a la información y al entretenimento como una misma (y ubicua) cosa. Hoy en día todo tiene que ser entretenido, fácil de usar  y útil (en el sentido de que nos brinde un capital, algo que podamos presumir que sabemos o que podamos vender).

Hace unos días me encontré con esta increíblemente popular app llamada Blinkist, la cual tiene cientos de miles de usuarios y decenas de millones de seguidores en las redes sociales. Me pareció sintomática de lo que Simic llama la Era de la Ignorancia a la vez que, paradójicamente, denota un fuerte deseo de saber. Blinkist ofrece resúmenes de miles de libros que puedes leer en 15 minutos, una especie de resumen ejecutivo compuesto de puros “insights” de populares obras de no ficción. Promete hacerte más inteligente y ahorrarte toda la paja y la molestia de tener que realmente leer el libro. En nuestra era todos queremos ser CEOs, todos traducimos el tiempo en dinero y todos nos preparamos para pasar el examen (no para realmente aprender, sino para parecer que sabemos lo suficiente para pasar el punto de control y obtener el beneficio social o económico).

noosphere-2Se podrá argumentar que los jóvenes no saben menos sino que sus saberes están orientados a lenguajes científico-técnicos, como por ejemplo la tecnología de la información, a través de la cual pueden, por ejemplo, extender su memoria a la Red y utilizar la Nube como un almacén de información mucho mayor de lo que las mentes más prodigiosas albergaban en la antigüedad. Y, también, el siempre citado argumento de que las habilidades intelectuales modernas están orientadas hacia el reconocimiento de patrones y no a la memorización de información. Como si fuéramos más ligeros y estuviéramos uniéndonos a una mente global incorpórea. En algún momento esto puede llevar a creer incluso que estamos por manifestar el sueño de Teilhard de Chardin de la noósfera, la evolución de una capa de conciencia inmaterial, una especie de superalma planetaria (al menos los entusiastas editores de la revista Wired así lo creían). El juicio que he querido exponer aquí, sin embargo, es un juicio de valor: una defensa de la calidad de la información y su capacidad de ser transformada en sentido y no de la cantidad de información que podemos manejar como individuos o en colectivo y su capacidad de ser transformada en ventaja o utilidad. A su vez, no tengo reparos en manifestar que el problema de educación que vivimos es un problema de valores, es decir un problema moral y estético. Hoy la mayoría de las personas preferirían tener una habilidad que puedan capitalizar fácilmente y no una sensibilidad que sea inútil económicamente pero que alimente al individuo de belleza y de una riqueza que no cotiza en la bolsa. Nuestras prioridades y deseos hoy son determinados en función de la economía, el éxito personal (deseo aspiracional) y el materialismo y no de la estética, la ética ni la espiritualidad. En suma, simplemente digo aquí que para mi forma de ver el mundo –una visión tradicional– el conocimiento debe estar ligado a principios que trascienden modas y corrientes pasajeras; ideas o valores que pueden encontrarse fundamentalmente en el arte, la religión y la filosofía (también en la ciencia, pero sólo en la ciencia que es capaz de encontrar sentido, es decir, en una ciencia siempre vinculada a la filosofía, como fue en el origen). Más allá de las apariencias y las rápidas descargas del hedonismo, lo que todos deseamos es entrar en contacto con algo más duradero y profundo y lo único que sabemos de cierto que trasciende nuestra corta estancia bajo el Sol son las ideas y los valores. Platón nos hablaría del Bien, de la Belleza, de la Unidad. Buda del Dharma (la ley de la cual el universo mismo es sólo una manifestación). Quizás lo mejor que tenemos actualmente –en un mundo fanáticamente secular– son intentos como los de Carl Sagan por encontrar belleza y sentido dentro del supuesto azar de la ciega máquina universal e incrustar nuestros procesos dentro de la madeja de la evolución cósmica desde una perspectiva de participación. Sobre lo último habría que recordar que las grandes ideas de Sagan –“somos polvo de estrellas”, “somos la forma en la que el universo se conoce a sí mismo”– son solamente ecos o reformulaciones casi exactas de nociones conocidas a través de una ciencia interna hace miles de años por diversas culturas como la védica, la griega o la egipcia, entre otras.

Intentando entender esta propagación de la ignorancia o este declive cultural –mayormente desestimado en la cresta del progreso tecnológico, puesto que, ¿cómo es posible que se hable de ignorancia cuando producimos tanta increíble, cuasidivina tecnología?– me parece ineludible dirigir la mirada a cómo hemos asimilado la tecnología o a cómo no nos hemos percatado de los efectos que tienen los nuevos medios en nuestros sentidos y en nuestra cognición. Marshall McLuhan, un autor al que todos deberíamos regresar en esta época, dijo que la tecnología es una extensión de nuestros sentidos, pero que de la misma forma que los amplifica también los amputa. Un automóvil es una extensión de nuestras piernas (aunque alguno ha bromeado que también del pene), un teléfono de nuestros oídos y de nuestra voz (¿un smartphone es un genio o demonio atrapado en el bolsillo?), el Internet es una extensión de nuestro cerebro. No hay duda que sus alcances son enormes, su potencial maravilloso, pero hay que detenernos a observar si su mismo poder, su fabuloso encantamiento no está obnubilando o inundando algunos aspectos de nuestra percepción o por lo menos modificando algunos hábitos que determinan nuestra relación con el mundo y nuestra capacidad de conectarnos con los demás. El sentido de la frase de McLuhan queda claramente ejemplificado en el slogan repetido incansablemente, lo mismo por compañías de telecomunicación que sitios de internet: que nos están conectando donde quiera que estemos, todo el tiempo. ¿Acaso a la vez también no nos están desconectando del mundo real y de nosotros mismos? ¿Si estamos conectados todo el tiempo a la Red podemos estar conectados a nuestro entorno y a lo que sucede fuera de la pantalla? Como dice el anarcoprimitvista John Zerzan: “está claro que las máquinas están conectadas, ¿pero no sé hasta que punto lo están los humanos? Todos están en su teléfono celular todo el tiempo, como zombis, vas por la calle y la gente choca contigo porque está tan embobada viendo sus aparatos”.

 

Lee la primera parte de esta reflexión: Vivimos en la Era de la Ignorancia: La ilusión de la tecnología

 

VIVIMOS EN LA ERA DE LA IGNORANCIA: LA ILUSIÓN DE LA TECNOLOGÍA (I-II)

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POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO – 01/30/2016

 Fuente: http://pijamasurf.com/2016/01/vivimos-en-la-era-de-la-ignorancia-la-ilusion-de-que-la-tecnologia-nos-haria-mas-inteligentes/

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Nuestra era ha embanderado la tecnología como una nueva Ilustración. Hace algunos años, la ONU y el MIT lanzaron el programa “Una laptop por niño”, en una especie de cruzada mundial de educación bajo el supuesto de que tener una computadora era un derecho universal –casi tan fundamental como la comida– y el detonador de la liberación de las fuerzas opresoras de la pobreza y la dictadura. La computadora, sugiere el director del Media Lab del MIT y cabeza del proyecto, Nicholas Negroponte, es la herramienta de conocimiento más poderosa de la historia. En esto estaría de acuerdo Steve Jobs, quien en varias ocasiones habló del poder de las computadoras de revolucionar el aprendizaje, y quien, incluso más que Negroponte, se encargó de evangelizar al mundo y hacer que las computadoras fueran ya no sólo deseables sino imprescindibles (al menos para nuestra percepción).

No hay duda de que la tecnología moderna ha “revolucionado” el conocimiento, pero quizás, a diferencia de lo que supone Negroponte, esta revolución no ha significado una verdadera Ilustración, ni un incremento de un conocimiento capaz de mejorar la vida de las personas y, por qué no, de liberarlas de la opresión política y social –que a fin de cuentas es el sentido esencial del conocimiento: usarse para vivir bien, no sólo para informarse. Quizás ha ocurrido lo opuesto, de la misma manera que la evangelización de la Iglesia Católica significó el yugo y la pérdida de tradición e identidad de los pueblos indígenas de América. Negroponte y la ONU fundamentalmente reparten computadoras en África, pero esta evangelización tecnológica ha ocurrido de manera global, casi sin que nadie se inquiete por lo sucedido. Y es que asumimos que las computadoras y la tecnología no tienen ninguna agenda y son esencialmente bienes materiales de gran valor cultural. (El filósofo anarcoprimitivista John Zerzan sugiere que existe “una intencionalidad en la tecnología… La Revolución Industrial no fue sólo sobre economía. Como dice Foucault, fue más sobre imponer una disciplina”).

Hace algunos años con la llegada del Internet se decía que vivimos en la era de la información. Esto es indudable, todos hemos escuchado sobre cómo en nuestra época cada 5 años o algo así se duplica la cantidad total de información que generamos. El problema es que más información y más “especialistas” no nos hacen como individuos ni como sociedad más sabios. A fin de cuentas la persona que puede contestar innumerables preguntas de trivia es sólo una curiosidad, la persona verdaderamente admirable es la que puede integrar toda esa información y aplicarla no sólo para producir algo valioso según el mercado –como un nuevo gadget– sino para aplicarla en su vida diaria y vivir sana y felizmente (independientemente de las presiones de su entorno). Esta es la forma de hacer real la información que de otra manera sólo nos lleva a estar inmersos en un torrente virtual de data, que nunca para, pero tampoco llega a ningún puerto, nunca está en paz.

Es posible que nos estemos apantallando por la cantidad de información que manejamos y confundiéndola con conocimiento cualitativo. Karl Taro Greenfeld escribe en un artículo en el New York Times:

Nunca ha sido tan fácil fingir que sabemos tanto sin verdaderamente saber nada. Elegimos temas y bits relevantes de Facebook, Twitter o alertas de email y los vomitamos después. En vez de ver Mad Men, el Superbowl, los Óscar o el debate presidencial, simplemente puedes navegar los feeds de alguien haciendo live-tweets del evento o leer los encabezados de los diferentes sitios. Nuestro canon cultural está siendo determinado por lo que sea que tenga más clics.

Un estudio reciente sugiere que las personas que dicen ser expertos en realidad no lo son y existe una tendencia innata a exagerar lo que sabemos. Quizás esto está pasando a escala global: una alucinación colectiva de creer o fingir que sabemos. “Nos acercamos peligrosamente a dar un performance de sapiencia que es en realidad un nuevo modelo de no-saber-nada”, agrega Taro Greenfeld. ¿Saber un poco de todo es lo mismo que no saber mucho de nada? O, ¿de toda esta panoplia de trivia, de todas las conexiones de datos superfluos, del agregado hipervinculado surge, como de una gestalt holística, la sabiduría?

En otro ensayo en el New York Times, astutamente titulado “Our (Bare) Shelves, Our Selves” (algo así como “Nuestros libreros vacíos hacen de nuestros seres ceros”) , Teddy Wayne escribe:

Los medios digitales nos entrenan para ser consumidores de banda ancha más que pensadores reflexivos. Descargamos una canción, un artículo, un libro o una película instantáneamente, la vemos (si es que no nos quedamos distraídos revisando el infinito inventario que se ofrece) y avanzamos a la siguiente cosa inmaterial.

Esto parece ser lo que está ocurriendo, la simple tesis de que sabemos más datos, sobre muchas más cosas, pero en realidad conocemos menos cosas a fondo, y tenemos menos capacidad de transformar lo que conocemos en algo valioso (y no me refiero a algo con lo que podemos ganar dinero). Somos cada vez más superficiales, adictos a tener cosas, a la pura materialidad, y menos capaces de profundizar y menos interesados por las ideas y los aspectos inmateriales de la realidad.

El lector podrá claramente argumentar en contra de la tesis de este artículo que, en “la era de la ignorancia”, cómo es posible que el autor sepa que no sabemos. ¿Acaso no hay una contradicción? Ciertamente será un buen punto, pero me parece que es posible argumentar, con Sócrates, que el primer paso hacia el conocimiento es aceptar la propia ignorancia y esta humildad no es algo que uno pueda apreciar en la ciencia y en la tecnología modernas que avanzan con una supuesta seguridad inexorable a conquistar la realidad bajo un estrecho paradigma materialista, que poco se pregunta sobre las consecuencias que su “conocimiento” produce en la psique de los individuos y en su búsqueda de significado, y que impone su visión de mundo (de la misma forma que los misioneros religiosos). Por otro lado, más allá de citar estadísticas de lectura, desigualdad, destrucción ecológica o demás cifras que podrían indicar un deterioro cualitativo de nuestra experiencia en el mundo, me remito a la observación del entorno, justamente a la dimensión cualitativa de la realidad y hago una pregunta al lector: si en su entorno nota un incremento del conocimiento que hemos aquí definido como de uso práctico, ético y hasta espiritual (no necesariamente en el sentido religioso, pero que llena de significado la existencia).

En la segunda parte de este ensayo seguiremos la tesis del poeta Charles Simic, quien en 2012 describió nuestra era como “la Era de la Ignorancia”, notando que cada vez los jóvenes a los que enseña literatura en la universidad llegan con menos conocimiento y que existe, como si fuere, una estupidización generalizada de la población en Estados Unidos, la cual es sumamente conveniente para la clase política y la élite empresarial.

¿Cuánto sabes de la Navidad? Un test para divertirse con la familia

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Por José Antonio García Rosas

Resultado de imagen para examen navideño

He aquí una oportunidad para que la familia, incluidos los niños, mida sus conocimientos en la materia. Si quieren hacer más divertido el juego, pueden formar equipos; hermanos contra papás, o papá y un hijo contra mamá y otro hijo, abuelitos contra nietos. Elijan una de las opciones de cada pregunta, y al final comparten con las respuestas correctas: ¿Quién ganará?

  • ¿Cuándo se celebró por primera vez la Navidad un 25 de diciembre?
  1. En el Siglo II
  2. En el Siglo IV
  3. En el Siglo XVI
  4. En El Siglo XIX

 

  • ¿Dónde se imprimió la primera tarjeta de Navidad?
  1. Londres
  2. París
  3. Nueva York
  4. Francfurt

 

  • ¿Qué simbolizan los bastones de caramelo?
  1. El cayado de los pastores
  2. El bastón de los ancianos
  3. El cayado de Moisés
  4. El báculo pastoral de los obispos

 

  • ¿Cómo se llama la misa que se celebra en la Nochebuena?
  1. Misa de Gloria
  2. Misa de Ángeles
  3. Misa del Gallo
  4. Misa de San Silvestre

 

  • ¿Dónde está ubicado el taller de Santa ?
  1. En el cielo
  2. En el Polo Sur
  3. En el mar
  4. En el Polo Norte

 

  • ¿Cuál es el origen del Día de los Santos Inocentes?
  1. Unas extrañas fiestas medievales
  2. Un tradición prehispánica
  3. Un rito romano
  4. Una matanza

 

  • ¿De dónde proviene la tradición del árbol de Navidad?
  1. Estados Unidos
  2. Alemania
  3. Noruega
  4. Inglaterra

 

  • ¿Por qué comemos 12 uvas en la víspera del Año Nuevo?
  1. Por los 12 meses transcurridos
  2. Por las 12 tribus de Israel
  3. Por las 12 campanadas del reloj
  4. Por los 12 apóstoles

 

  • ¿Qué santo hizo popular la costumbre de representar el nacimiento de Jesús
  1. San Martín de Porres
  2. San Ignacio de Loyola
  3. Santo Tomás de Aquino
  4. San Francisco de Asís

 

  • ¿Quiénes visitan a Scrooge en la víspera de Navidad?
  1. Las arpías
  2. Unos pordioseros
  3. Unos espíritus
  4. Unos huérfanos

 

  • ¿Qué representan las llamativas piñatas navideñas?
  1. El amor
  2. La amistad
  3. El mal
  4. La inocencia

 

  • ¿De dónde surgió la idea de que Santa Claus entra por la chimenea?
  1. De un poema
  2. De una novela
  3. De un anuncio de Coca Cola
  4. De un cuadro de Norman Rockwell

 

  • ¿En qué idioma se compuso originalmente el villancico Noche de Paz?
  1. Inglés
  2. Español
  3. Alemán
  4. Francés

 

  • ¿De dónde es originaria la flor de Pascua?
  1. Senegal
  2. México
  3. Estados Unidos
  4. España

 

  • ¿Cuál de los tres Reyes Magos es afrodescendiente?
  1. Melchor
  2. Gaspar
  3. Baltazar
  4. Ninguno

 

  • ¿Cómo se llama el Reno de la Nariz Roja?
  1. Cometa
  2. Rudolph
  3. Doner
  4. Prancer

Respuestas

1

(b) En el siglo IV. Aunque no se conoce con exactitud la fecha del nacimiento de Jesús, en Occidente la Navidad se ha celebrado el 25 de diciembre al menos desde el año 354. Esta fecha prácticamente coincidía con las celebraciones del solsticio de invierno y las fiestas saturnales romanas.

2

(a) En Londres.  En 1843, Sir  Henry Colé, fundador del Museo Victoria y Alberto, le pidió al artista John Callcott Horsley que diseñara una tarjeta. Éste creó una litografía que decía “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para ustedes” Ese año se imprimieron 1,000 tarjetas.

3

(a) Para simbolizar la Navidad, a finales de 1800 un fabricante de dulces de Indiana, Estados Unidos, creó un bastón de menta con franjas blancas y rojas, en alusión al cayado de los pastores que van a ver al Niño Dios. Se dice que el blanco representa la inocencia de Jesús, y el rojo, la sangre que derramaría.

 

4

(c) Una de las explicaciones sobre el origen de este nombre es que, al parecer, el gallo fue el primer animal que anunció el nacimiento de Jesús. Esta misa apareció en el siglo V, y hasta principios del XX era tradición que la iniciara un canto de gallo.

5

(d) La idea de que el taller de  Santa Claus se halla en el Polo Norte fue contribución del dibujante estadounidense Thomas Nast, quien realizó varios diseños para la revista Harper’s entre 1860 y 1880.

6

(d) Al saber que el nuevo rey de  los judíos surgiría de Belén, el rey Herodes les pidió a los sabios que llegaron del Oriente informarse de dónde iba a nacer exactamente y volver para comunicárselo. Quiso engañarlos diciéndoles que él mismo iría a adorarlo, pero los sabios, por mandato divino, no regresaron a verlo. Entonces Herodes ordenó matar a todos los niños de Belén menores de dos años, de ahí el título de Santos Inocentes. Hoy se hacen inocentadas en este día, que tal vez desde la Edad Media adquirió su carácter jocoso, quizá como alusión a la burla que los sabios le hicieron a Herodes.

 

 

 

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(b) La tradición del árbol de la  Navidad comenzó en Alemania en el siglo XVI, y con el tiempo inspiró muchas historias. Una de ellas cuenta que una fría noche un niño se refugió en la choza de un leñador y su esposa y allí se convirtió en un ángel: era el Niño Dios. Para recompensar a sus benefactores les dio una varita de pino y les dijo que la sembraran

8

(c )

Al iniciar el nuevo año el reloj da las 12 campanadas. Entonces comemos las correspondientes 12 uvas, que también representan los 12 meses venideros, y pedimos un deseo por uva. Se cuenta que los españoles introdujeron esta tradición  en 1909. Ese año la cosecha de uvas fue muy buena y, para venderla, los cultivadores promovieron la idea de que comer 12 uvas en el Año Nuevo acarrearía buena suerte.

9.

(d) No se sabe con certeza cuándo comenzó esta tradición; no obstante, fue San Francisco de Asís quien la hizo popular entre los años 1200 y 1226. Los franciscanos la introdujeron en España en el siglo XIV, y en la Nueva España, a través de las pastorelas, fue un medio eficaz para difundir la religión católica.

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(c) A Scrooge, un millonario avaro y solitario que detesta la Navidad, lo visitan tres espíritus: el de las Navidades del Pasado, el de la Navidad del Presente y el de las Navidades Futuras. Le muestran su miseria humana, y entonces Scrooge cambia. Charles Dickens cuenta esta historia en Canción de Navidad, una novela corta del siglo XIX.

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(c) El mal. La piñata simboliza a Satanás, cuya apariencia atractiva es engañosa e incita al pecado. Además, en su interior oculta los placeres mundanos que tientan al hombre. Éste debe luchar contra el mal con una fe ciega, y por eso se le vendan los ojos a las personas que tratan de romper la piñata.

12

(a) De un poema que el estadounidense Clement Clarke Moore escribió para sus hijos en 1822, titulado “Una visita de San Nicolás” El poema fue publicado por primera vez en el periódico Troy Sentinel de Nueva York el 23 de diciembre de 1823. (“Después de algunos segundos, yo pude oír satisfecho ruido de pequeños cascos que golpeaban en el techo. En la mente estas imágenes y en mis talones girando, por la chimenea vi a San Nicolás bajando.”)

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(c) El villancico más famoso del mundo se compuso en alemán, en 1818. La letra fue escrita  por el sacerdote Joseph Mohr, co adjutor  en el templo de San Nicolás de Oberndorf, Austria, y el organista Franz Gruber le puso la música.

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(b) De México. Se llama flor de Nochebuena porque florece en esta época. En otros países la llaman poinsettia, en honor de Joel Roberts Poinsett, embajador estadounidense en México en el siglo XIX. En este país también la llaman “flor de Pascua”; en Perú y Chile, “corona de los Andes”; en Centroamérica, “pastora”; en Argentina, “estrella federal” y en Venezuela, “flor de Navidad”

1 5

(c) Como Beda el Venerable,  teólogo inglés del siglo VIII, describió a un Baltasar “de piel atezada” los artistas supusieron que debió de ser moro o negro. El Baltasar de raza negra ya aparece en las pinturas del siglo XIV, y lo confirma dos siglos después la obra del alemán Alberto Durero.

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(b) Rodolfo. Era un reno sin  amigos del que se burlaban los demás porque tenía un notable defecto: una nariz roja que emitía luz. Una Navidad, Santa Claus lo vio y lo eligió precisamente por su nariz. A partir de entonces, Rodolfo es el preferido de los renos que tiran del trineo de Santa Claus.

PUNTAJE

¿Qué tal les fue ?

0-4 ¡Hey! ¿Qué pasó con ese espíritu navideño? ¿Acaso son ustedes amigos de Scrooge? ¡No olviden que los pueden visitar ciertos espíritus navideños!

5-8 ¡Bien! Encontrarse en este rango de desempeño indica gusto por la temporada navideña, ¡Ánimo, y suerte para la próxima!

9-12 ¡Estupendo! Pueden considerarse conocedores de los temas navideños. No se extrañen si como premio ven por ahí al Reno de la Nariz Roja.

13-16 ¡Bravo! ¡Sin duda ustedes serán los elegidos para acompañar a Santa Claus y a los Reyes Magos a repartir sorpresas y alegría a todos los niños del mundo!

 

 

 

 

 

Cinco relatos de navidad…

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Navidad en la finca por Fidel Eguizábal

Esa tarde en la finca me dijo mi mamá “hijo vaya a traer un arbolito para adornarlo”. Rápido me fui con un corvo viejo a buscar entre los cafetales y “los huatales”. Encontré un palito con flores blancas, de un metro y medio de altura. Justo lo que necesitábamos. Lo pusimos en el pilón, en donde antes se molía el café seco. Las estrellitas las hacíamos de envoltorio brillante de cajetillas de cigarrillos. La luna era la que hacía brillar los adornos.

Las manos de mi madre le daban el toque navideño al arbolito de Navidad, el cual se colocaba en la entrada de la casa. En el corredor principal. Mientras tanto, los cortadores hacían su faena diaria. Los miches (orquídeas) y flores naturales hacían ver más vistoso al árbol.

La gallina india estaba lista para hacer los tamales. Nos tocó junto con los otros niños corretear a la gallina entre el cafetal para agarrarla. No podían faltar las tortas de pan cocinadas en el horno artesanal.

Le ayudaba a mi mamá en llevar las cazolejas. Había abundancia y alegría. Y, como solo éramos los dos, nos uníamos con la familia de don Chepe. Con sus hijos y nietos hacíamos bulla y jugábamos en los amplios corredores de la casona.

En medio de esas montañas, no podía faltar una bolsa llena de cohetillos, los cuales eran los únicos que interrumpían el silencio a media noche anunciando que el niño Dios había nacido. A lo lejos se escuchaba los ecos de los cohetes de Concepción de Ataco y Tacuba.

En la radio escuchábamos villancicos, los grillos y la paz del lugar eran nuestros acompañantes. No teníamos cámaras fotográficas para guardar los lindos recuerdos de la Mágica Navidad. La radio anunciaba que faltaba cinco para las doce. Alistábamos el tizón para reventar estrellitas. Me divertía ver a mi madre tirar unos cohetillos al patio. Yo destapaba el carrito que papa Chus me había traído.

El 31 de diciembre hacíamos lo mismo. En esa ocasión mucho más alegres. El año nos daba la bienvenida y mi madre cumplía años. Los tamales de cambray era la delicia a disfrutar.

Momentos inolvidables que cada quien guarda en su corazón…ahora comparto con mi esposa y mis hijas la magia de la Navidad y la bienvenida del nuevo año.

Diciembre de 2015

Noche buena

Salarrué

Cuentos de Barro

La tarde herida cayó detrás del cerro, con lala azul tronchada y el pico dioro entreabrido. El nido de noche quedó solito, con piojío de estrellas y el huevo brilloso de la luna. Plumas quedaron angeleando, tristosas.

Los guarumos, altos y chelosos, se miraban en las escuranas, con aspecto de espíretos de palos. La brisa espesa, tufosita y jelada, hacía nadar las ramas en los claros morados del cielo.

El sereno mojisco untaba brillos en los bultos de las cosas; y toda la tierra se encaramaba al cielo en olores. Lijaban los grillos, puliendo el silencio. Por la puerta del rancho embarrancado, salió al pedrero una puñalada de luz.. Las sombras acamelladas de los moradores reptaron hasta el patio. Un chucho, interpuesto, se había hecho mesa en el umbral.

Poco a poco, la noche se fue alunando en clarores hermosos. Desde el patio se columbró el caserío del pueblo. Uno quiotro candil estrellaba la calle. En el campanario antiguo, la luna cuajaba, campaneando alegre; y, de cuando en cuando, los cuetes puyaban la carpa tilinte del cielo, chiflando todos luminosos y rebotando con estrépito.

* * *

La nana se enrolló en el tapado y salió, seguida de los dos cipotes. La Tina tenía once años; era delgadita y pancitinga. Nacho andaba en cinco: sopladito, pujoso, careto y mocoso. La camisa le campaneaba al haz del ombligo. Caminaba jalado, atrompezándose y con la boca en forma de O, por la trancazón de la ñata. Bajaron al camino rial y cogieron rumbo al pueblo.

Iban, iban…, en silencio, tranqueando por la calle polvorosa que, como una culebra, tenía piel a manchas de sombra y luz. Unos toros pasaban por el llano, empujando la soledad con sus mujido de brama. Al pasar por La Canoga, frente al rancho de ño Tito, la puerta de luz les cayó encima, asustándoles los ojos, y oyeron la risa de la guitarra. Pasaron en fila. Iban, iban… Como era Nochebuena, había misa del gallo; y se había corrido la bola de que el padre Peraza iba a regalar juguetes a los chicos, después del sermón. La Tina y Nacho no habían tenido juguetes nunca. Jugaban de muñecas con caragües vestidos de tuzas; de tienda en la piladera; de pulicía, con olotes; y de pelotas, con bolas de morro. Iban, iban… La chucha seca los seguía, rastrera y tosigosa. Se óiba ya, clarito, el tamborón y el pito que pastoreaban la alegría pueblerina. En una embrocada que se dio el camino, saltó cheleante el pueblo; y, desde la torre de la iglesia, el ojo de dos pestañas del reló se les quedó mirando ceñudo, y no los perdió de vista hasta que embocaron por la plaza.

Había ventas; olía a jumo, a guaro, y a cuete. Se entraba al atrio entre ramas de coco y pitas empapeladas de colores. El pito y el tambor pastoreaban la alegría.

* * *

La niña Lola los topó en las gradas.

—¿Habís venido al reparto. Ulalia?

—Sí, pué…

—Date priesa si querés que te les den algo a los cipotes. Ya el padre tá cabando.

La nana jaló la cadena, en busca del reparto; siguió el lateral de la iglesia, y se aculó contra el chumazo e gente que iba entrando encipotada al reparto. La bullanga ensordecía. Entre los que se réiban, pujaban los apretados.

La Ulalia seguía aculada, siempre al tanteyo de coger puesto. Por fin, llegó hasta la barriga negra del cura. Sonaban trompetas: sonaban chinchines; sonaban tumblimbes.

—¿Y vos? ¿Vos no sos del pueblo, verdá?

—No, padre-cura; soy del valle…

—¡Hum, hum!… ¿Tus cipotes no han venido a la doctrina, verdá?

—No, Siñor: tamos lejos…

—¡Hum, hum!… Para vos nuay; para vos nuay… ¿Entendiste? Para vos nuay… Pase lotra, pase, pase…

* * *

Topadito al cerro, floriaba un lucero. La Ulalia iba, por el camino, de güelta.

Con su voz tísica, decía:

—¡Apurate, Nachito, andá!

La Tina luiba jalando. Nachito decía:

—¿Y ed juguetes, mama?…

La camisa le llegaba al ombligo. Iba tranqueando. A lo lejos se óiba el río embarrancado. En los claros salían de los palos brazos negros, que amenazaban al cielo.

—¡Apurate, Nachito, andá!…

—¿Y ed juguetes, mama?…

Al pasar por el rancho del ño Tito, la puerta de luz les cayó encima, y oyeron la risa de la guitarra.

Una Navidad a Puras Cachas

Mauricio Yanes

Cada vez que se acercaba la navidad se me instalaba un trozo de hielo muy cerca del corazón, era una nostalgia mezclada con tristeza y angustia.

En mi pensamiento infantil aparecía la  preocupación sobre si mis padres iban a poder sobrellevar los gastos que en esa época siempre conllevan. Me preguntaba si me iban a poder complacer con lo que deseaba como regalo, generalmente juguetes que anunciaban en televisión, me ponía ansioso saber cómo mi madre iba a construir mi estreno de pantalones y camisas de mi padre. Mi papá es el comediante Pánfilo Apurascachas. Y en la navidad a la que me quiero referir estuvo ausente todo el día. Cuando le preguntaba a mi madre ¿por qué mi papá no estaba? Me decía que había ido a cobrar unos centavos de unas funciones que aún le debían. Mi ansia era tener un Big Gim, un muñeco articulado que mi padre había insinuado que me iba a comprar. Llegaron las 7 de la Noche Buena y mi padre no aparecía. Mi madre se había afanado por mi “estreno” y había puesto la casa como un espejo de limpia y reluciente. El árbol de navidad y el nacimiento, lo construimos esa navidad de desperdicios y botes de vidrio, mi padre ocultaba nuestra miseria con creatividad y buen humor. Al filo de las 8 de la noche apareció mi padre con el rostro pálido y el pelo desordenado. Mi madre abrió la  puerta y con lágrimas en los ojos le dijo – No me pagaron. Mi madre soltó su frase favorita…¨Bendito sea Dios”. Agarró el teléfono se vistió para salir y se fue.

Al rato volvió con tamales y comida para la Noche Buena. Pero entre las cosas no venía Big Gim, era un muñeco muy caro. Luego fuimos al parque Libertad a fiar fuegos artificiales “cuetes”.  Y así se fue la Noche buena. Big Gim se burlaba de mí en los escaparates de los almacenes del centro de San Salvador.

El árbol

José María Sifontes

Publicado en el Diario de Hoy. 12 de diciembre de 2009.

La Navidad es una época de reencuentro. No solamente de reencuentro con familiares y amigos sino con nosotros mismo, con las personas que fuimos y hemos dejado de ser. Co nosotros cuando éramos niños, pues ¿en qué época de la vida se disfruta más la navidad que en la niñez?

Recordamos navidades y, como en el cuento de Dickens, nos trasladamos en espíritu a tiempos lejanos, a periodos navideños con nuestros padres y con amigos de la infancia. Rescatamos del polvo del tiempo a seres queridos pero también  a cosas queridas, pues la Navidad está llena de símbolos.

Hay cosas de las navidades remotas que ya  no están pero que persisten en nuestras mente de forma tan viva que pareciera  que nunca se fueron, que siguen ahí. En cierto sentido así es y aguardan a que llegue la Navidad  para volver a estar con nosotros. Para algunos es un regalo que tuvo significado especial, para otros el Nacimiento. Para mí, aquel viejo árbol de Navidad.

En mi niñez la Navidad comenzaba oficialmente  cuando mi madre tomaba la decisión de sacar las llaves de la bodega, un rincón de la casa que casi nunca se abría y que contenía objetos de épocas  ajenas a mí y a mis hermanos. Allí se guardaba también  el árbol, y era todo un ritual entrar a ese lugar con olor a  otros tiempos y pasarle  una mirada rápida a las cosas  misteriosas  que nunca contenía. Cargábamos  las cajas con  las piezas del árbol hasta el sitio dónde siempre lo poníamos, a pocos pasos de la entrada.

Era de aquellos árboles de Navidad  color de aluminio, con tiras brillantes pegadas a  trozos  de alambre rígido. Ya casi no se ven esos árboles. Quizás perecían muy artificiales pero para mi cada destello de sus “hojas” reflejaba encanto.

Armábamos primero el tronco, unos cilindros de madera que se enroscaban y que tenían agujeros para colocar las ramas. Competíamos para sacar las ramas de los envoltorios de papel y las sacudíamos para darles volumen. Los íbamos  colocando en el tronco y poco a poco el árbol tomaba forma. Había otra caja llena de “bombas” de distintos colores, unas esféricas, otras alargadas con puntas.

Ya no se ven tampoco esas bombas brillantes y tan frágiles que siempre había que terminar barriendo los restos de las que se quebraban y dejaban ver su interior plateado y su textura casi  incorpórea. Veían finalmente las luces y la estrella. Teníamos  también un reflector con una pantalla giratoria de varios colores, que cambiaban suavemente la tonalidad del árbol.

Como es natural la noche del 24 era cuando el árbol brillaba en todo su esplendor, con  la casa llena, música y ruidos de morteros que venían de la calle. Sin embargo a mí me gustaba más ver de otra forma, en la tranquilidad de la casa dormida, las noches previas a las celebraciones.

Me  levantaba  y prendía sus luces. Y  lo miraba por largo rato, en medio de la oscuridad y el silencio. Ahí permanecíamos, solos los dos, yo admirándola y el comunicándome  con su mudo lenguaje esas sensación única de la Navidad.

Todavía me gusta ver el árbol encendido en la tranquilidad de la noche. Me evoca  aquel árbol de mi niñez. A veces dudo e apagarlo cuando me voy a acostar. Puede que uno de mis hijos una ncohe de estas, sin que los demás nos demos cuenta lo visite.

 

Sí Virginia, sí existe Santa Claus

Francis P. Church,

Uno de los editoriales más famosos fue escrito por Francis P. Church, director asistente del diario “The New York Sun”. Fue publicado el 21 de diciembre de 1897, como respuesta a la carta de una pequeña niña. Desde entonces ha sido reproducido innumerables veces, llenando al mundo con las sencillas palabras que nos recuerdan la importancia de la inocencia, la fe y el amor.

Querido Editor:
Soy una niña de ocho años de edad. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Papá me ha dicho: “Si lo ves publicado en “The Sun”, entonces es cierto”. Por favor, dígame la verdad, ¿existe Santa Claus?
Virginia O’Hanlon

Virginia:
Tus amiguitos están equivocados. Ellos han sido afectados por el escepticismo de una era escéptica. No creen más que en lo que sus ojos ven. Ellos piensan que no existe nada que sus pequeñas mentes no entiendan. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de niños, son pequeñas. En nuestro vasto universo el hombre es un mero insecto, una hormiga, cuyo intelecto no resiste la comparación con el mundo ilimitado que le rodea ni, mucho menos, con la inteligencia capaz de aprender la totalidad de la verdad y el conocimiento.

Sí Virginia, Santa Claus existe. Su existencia es tan real como el amor, la generosidad y la devoción, y tú sabes que éstas abundan y dan a tu vida su máximo gozo y belleza. ¡Cuán sombrío sería el mundo si no existiera Santa Claus! Sería tan sombrío como si no hubiera Virginias. No existiría la fe infantil; no habría poesía, no habría romance para hacernos tolerable esta existencia. No tendríamos más gozo que el de los sentidos y la vista. La eterna luz con que la infancia ilumina al mundo se extinguiría.

¡No creer en Santa Claus! De la misma forma podrías no creer en las hadas. Tú puedes convencer a tu papá para que contrate hombres que vigilen la chimenea en Navidad y pillarlo, pero aunque no lo vieran bajar, ¿qué probarían? Nadie ve a Santa Claus, pero eso no prueba que no haya Santa Claus. Las cosas más reales del mundo son las que ni los niños ni los hombres ven. ¿Has visto alguna vez a las hadas danzando en el césped? Por supuesto que no, pero eso no es prueba de que no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas aún no vistas e invisibles que existen en el mundo.

Puedes romper la sonaja de un bebé para descubrir en su interior qué es lo que produce el sonido, pero hay un velo que cubre el mundo no visto que ni el hombre más fuerte, ni aún la fuerza unida de todos los hombres fuertes que hayan existido, puede romper. Sólo la fe, el amor, la fantasía, el romance y la poesía pueden apartar esa cortina y ver y mostrar la belleza sobrenatural y la gloria que están más allá. ¿Es todo ello real? Ah, Virginia, no hay en este mundo nada más real y permanente.

¿Qué no existe Santa Claus! Gracias a Dios él vive, y vivirá por siempre. Mil años después de ahora, Virginia, es más, diez mil años después, él continuará alegrando con su espíritu el corazón de los niños.