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¿Cuánto sabes de la Navidad? Un test para divertirse con la familia

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Por José Antonio García Rosas

Resultado de imagen para examen navideño

He aquí una oportunidad para que la familia, incluidos los niños, mida sus conocimientos en la materia. Si quieren hacer más divertido el juego, pueden formar equipos; hermanos contra papás, o papá y un hijo contra mamá y otro hijo, abuelitos contra nietos. Elijan una de las opciones de cada pregunta, y al final comparten con las respuestas correctas: ¿Quién ganará?

  • ¿Cuándo se celebró por primera vez la Navidad un 25 de diciembre?
  1. En el Siglo II
  2. En el Siglo IV
  3. En el Siglo XVI
  4. En El Siglo XIX

 

  • ¿Dónde se imprimió la primera tarjeta de Navidad?
  1. Londres
  2. París
  3. Nueva York
  4. Francfurt

 

  • ¿Qué simbolizan los bastones de caramelo?
  1. El cayado de los pastores
  2. El bastón de los ancianos
  3. El cayado de Moisés
  4. El báculo pastoral de los obispos

 

  • ¿Cómo se llama la misa que se celebra en la Nochebuena?
  1. Misa de Gloria
  2. Misa de Ángeles
  3. Misa del Gallo
  4. Misa de San Silvestre

 

  • ¿Dónde está ubicado el taller de Santa ?
  1. En el cielo
  2. En el Polo Sur
  3. En el mar
  4. En el Polo Norte

 

  • ¿Cuál es el origen del Día de los Santos Inocentes?
  1. Unas extrañas fiestas medievales
  2. Un tradición prehispánica
  3. Un rito romano
  4. Una matanza

 

  • ¿De dónde proviene la tradición del árbol de Navidad?
  1. Estados Unidos
  2. Alemania
  3. Noruega
  4. Inglaterra

 

  • ¿Por qué comemos 12 uvas en la víspera del Año Nuevo?
  1. Por los 12 meses transcurridos
  2. Por las 12 tribus de Israel
  3. Por las 12 campanadas del reloj
  4. Por los 12 apóstoles

 

  • ¿Qué santo hizo popular la costumbre de representar el nacimiento de Jesús
  1. San Martín de Porres
  2. San Ignacio de Loyola
  3. Santo Tomás de Aquino
  4. San Francisco de Asís

 

  • ¿Quiénes visitan a Scrooge en la víspera de Navidad?
  1. Las arpías
  2. Unos pordioseros
  3. Unos espíritus
  4. Unos huérfanos

 

  • ¿Qué representan las llamativas piñatas navideñas?
  1. El amor
  2. La amistad
  3. El mal
  4. La inocencia

 

  • ¿De dónde surgió la idea de que Santa Claus entra por la chimenea?
  1. De un poema
  2. De una novela
  3. De un anuncio de Coca Cola
  4. De un cuadro de Norman Rockwell

 

  • ¿En qué idioma se compuso originalmente el villancico Noche de Paz?
  1. Inglés
  2. Español
  3. Alemán
  4. Francés

 

  • ¿De dónde es originaria la flor de Pascua?
  1. Senegal
  2. México
  3. Estados Unidos
  4. España

 

  • ¿Cuál de los tres Reyes Magos es afrodescendiente?
  1. Melchor
  2. Gaspar
  3. Baltazar
  4. Ninguno

 

  • ¿Cómo se llama el Reno de la Nariz Roja?
  1. Cometa
  2. Rudolph
  3. Doner
  4. Prancer

Respuestas

1

(b) En el siglo IV. Aunque no se conoce con exactitud la fecha del nacimiento de Jesús, en Occidente la Navidad se ha celebrado el 25 de diciembre al menos desde el año 354. Esta fecha prácticamente coincidía con las celebraciones del solsticio de invierno y las fiestas saturnales romanas.

2

(a) En Londres.  En 1843, Sir  Henry Colé, fundador del Museo Victoria y Alberto, le pidió al artista John Callcott Horsley que diseñara una tarjeta. Éste creó una litografía que decía “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para ustedes” Ese año se imprimieron 1,000 tarjetas.

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(a) Para simbolizar la Navidad, a finales de 1800 un fabricante de dulces de Indiana, Estados Unidos, creó un bastón de menta con franjas blancas y rojas, en alusión al cayado de los pastores que van a ver al Niño Dios. Se dice que el blanco representa la inocencia de Jesús, y el rojo, la sangre que derramaría.

 

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(c) Una de las explicaciones sobre el origen de este nombre es que, al parecer, el gallo fue el primer animal que anunció el nacimiento de Jesús. Esta misa apareció en el siglo V, y hasta principios del XX era tradición que la iniciara un canto de gallo.

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(d) La idea de que el taller de  Santa Claus se halla en el Polo Norte fue contribución del dibujante estadounidense Thomas Nast, quien realizó varios diseños para la revista Harper’s entre 1860 y 1880.

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(d) Al saber que el nuevo rey de  los judíos surgiría de Belén, el rey Herodes les pidió a los sabios que llegaron del Oriente informarse de dónde iba a nacer exactamente y volver para comunicárselo. Quiso engañarlos diciéndoles que él mismo iría a adorarlo, pero los sabios, por mandato divino, no regresaron a verlo. Entonces Herodes ordenó matar a todos los niños de Belén menores de dos años, de ahí el título de Santos Inocentes. Hoy se hacen inocentadas en este día, que tal vez desde la Edad Media adquirió su carácter jocoso, quizá como alusión a la burla que los sabios le hicieron a Herodes.

 

 

 

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(b) La tradición del árbol de la  Navidad comenzó en Alemania en el siglo XVI, y con el tiempo inspiró muchas historias. Una de ellas cuenta que una fría noche un niño se refugió en la choza de un leñador y su esposa y allí se convirtió en un ángel: era el Niño Dios. Para recompensar a sus benefactores les dio una varita de pino y les dijo que la sembraran

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(c )

Al iniciar el nuevo año el reloj da las 12 campanadas. Entonces comemos las correspondientes 12 uvas, que también representan los 12 meses venideros, y pedimos un deseo por uva. Se cuenta que los españoles introdujeron esta tradición  en 1909. Ese año la cosecha de uvas fue muy buena y, para venderla, los cultivadores promovieron la idea de que comer 12 uvas en el Año Nuevo acarrearía buena suerte.

9.

(d) No se sabe con certeza cuándo comenzó esta tradición; no obstante, fue San Francisco de Asís quien la hizo popular entre los años 1200 y 1226. Los franciscanos la introdujeron en España en el siglo XIV, y en la Nueva España, a través de las pastorelas, fue un medio eficaz para difundir la religión católica.

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(c) A Scrooge, un millonario avaro y solitario que detesta la Navidad, lo visitan tres espíritus: el de las Navidades del Pasado, el de la Navidad del Presente y el de las Navidades Futuras. Le muestran su miseria humana, y entonces Scrooge cambia. Charles Dickens cuenta esta historia en Canción de Navidad, una novela corta del siglo XIX.

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(c) El mal. La piñata simboliza a Satanás, cuya apariencia atractiva es engañosa e incita al pecado. Además, en su interior oculta los placeres mundanos que tientan al hombre. Éste debe luchar contra el mal con una fe ciega, y por eso se le vendan los ojos a las personas que tratan de romper la piñata.

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(a) De un poema que el estadounidense Clement Clarke Moore escribió para sus hijos en 1822, titulado “Una visita de San Nicolás” El poema fue publicado por primera vez en el periódico Troy Sentinel de Nueva York el 23 de diciembre de 1823. (“Después de algunos segundos, yo pude oír satisfecho ruido de pequeños cascos que golpeaban en el techo. En la mente estas imágenes y en mis talones girando, por la chimenea vi a San Nicolás bajando.”)

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(c) El villancico más famoso del mundo se compuso en alemán, en 1818. La letra fue escrita  por el sacerdote Joseph Mohr, co adjutor  en el templo de San Nicolás de Oberndorf, Austria, y el organista Franz Gruber le puso la música.

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(b) De México. Se llama flor de Nochebuena porque florece en esta época. En otros países la llaman poinsettia, en honor de Joel Roberts Poinsett, embajador estadounidense en México en el siglo XIX. En este país también la llaman “flor de Pascua”; en Perú y Chile, “corona de los Andes”; en Centroamérica, “pastora”; en Argentina, “estrella federal” y en Venezuela, “flor de Navidad”

1 5

(c) Como Beda el Venerable,  teólogo inglés del siglo VIII, describió a un Baltasar “de piel atezada” los artistas supusieron que debió de ser moro o negro. El Baltasar de raza negra ya aparece en las pinturas del siglo XIV, y lo confirma dos siglos después la obra del alemán Alberto Durero.

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(b) Rodolfo. Era un reno sin  amigos del que se burlaban los demás porque tenía un notable defecto: una nariz roja que emitía luz. Una Navidad, Santa Claus lo vio y lo eligió precisamente por su nariz. A partir de entonces, Rodolfo es el preferido de los renos que tiran del trineo de Santa Claus.

PUNTAJE

¿Qué tal les fue ?

0-4 ¡Hey! ¿Qué pasó con ese espíritu navideño? ¿Acaso son ustedes amigos de Scrooge? ¡No olviden que los pueden visitar ciertos espíritus navideños!

5-8 ¡Bien! Encontrarse en este rango de desempeño indica gusto por la temporada navideña, ¡Ánimo, y suerte para la próxima!

9-12 ¡Estupendo! Pueden considerarse conocedores de los temas navideños. No se extrañen si como premio ven por ahí al Reno de la Nariz Roja.

13-16 ¡Bravo! ¡Sin duda ustedes serán los elegidos para acompañar a Santa Claus y a los Reyes Magos a repartir sorpresas y alegría a todos los niños del mundo!

 

 

 

 

 

Cinco relatos de navidad…

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Navidad en la finca por Fidel Eguizábal

Esa tarde en la finca me dijo mi mamá “hijo vaya a traer un arbolito para adornarlo”. Rápido me fui con un corvo viejo a buscar entre los cafetales y “los huatales”. Encontré un palito con flores blancas, de un metro y medio de altura. Justo lo que necesitábamos. Lo pusimos en el pilón, en donde antes se molía el café seco. Las estrellitas las hacíamos de envoltorio brillante de cajetillas de cigarrillos. La luna era la que hacía brillar los adornos.

Las manos de mi madre le daban el toque navideño al arbolito de Navidad, el cual se colocaba en la entrada de la casa. En el corredor principal. Mientras tanto, los cortadores hacían su faena diaria. Los miches (orquídeas) y flores naturales hacían ver más vistoso al árbol.

La gallina india estaba lista para hacer los tamales. Nos tocó junto con los otros niños corretear a la gallina entre el cafetal para agarrarla. No podían faltar las tortas de pan cocinadas en el horno artesanal.

Le ayudaba a mi mamá en llevar las cazolejas. Había abundancia y alegría. Y, como solo éramos los dos, nos uníamos con la familia de don Chepe. Con sus hijos y nietos hacíamos bulla y jugábamos en los amplios corredores de la casona.

En medio de esas montañas, no podía faltar una bolsa llena de cohetillos, los cuales eran los únicos que interrumpían el silencio a media noche anunciando que el niño Dios había nacido. A lo lejos se escuchaba los ecos de los cohetes de Concepción de Ataco y Tacuba.

En la radio escuchábamos villancicos, los grillos y la paz del lugar eran nuestros acompañantes. No teníamos cámaras fotográficas para guardar los lindos recuerdos de la Mágica Navidad. La radio anunciaba que faltaba cinco para las doce. Alistábamos el tizón para reventar estrellitas. Me divertía ver a mi madre tirar unos cohetillos al patio. Yo destapaba el carrito que papa Chus me había traído.

El 31 de diciembre hacíamos lo mismo. En esa ocasión mucho más alegres. El año nos daba la bienvenida y mi madre cumplía años. Los tamales de cambray era la delicia a disfrutar.

Momentos inolvidables que cada quien guarda en su corazón…ahora comparto con mi esposa y mis hijas la magia de la Navidad y la bienvenida del nuevo año.

Diciembre de 2015

Noche buena

Salarrué

Cuentos de Barro

La tarde herida cayó detrás del cerro, con lala azul tronchada y el pico dioro entreabrido. El nido de noche quedó solito, con piojío de estrellas y el huevo brilloso de la luna. Plumas quedaron angeleando, tristosas.

Los guarumos, altos y chelosos, se miraban en las escuranas, con aspecto de espíretos de palos. La brisa espesa, tufosita y jelada, hacía nadar las ramas en los claros morados del cielo.

El sereno mojisco untaba brillos en los bultos de las cosas; y toda la tierra se encaramaba al cielo en olores. Lijaban los grillos, puliendo el silencio. Por la puerta del rancho embarrancado, salió al pedrero una puñalada de luz.. Las sombras acamelladas de los moradores reptaron hasta el patio. Un chucho, interpuesto, se había hecho mesa en el umbral.

Poco a poco, la noche se fue alunando en clarores hermosos. Desde el patio se columbró el caserío del pueblo. Uno quiotro candil estrellaba la calle. En el campanario antiguo, la luna cuajaba, campaneando alegre; y, de cuando en cuando, los cuetes puyaban la carpa tilinte del cielo, chiflando todos luminosos y rebotando con estrépito.

* * *

La nana se enrolló en el tapado y salió, seguida de los dos cipotes. La Tina tenía once años; era delgadita y pancitinga. Nacho andaba en cinco: sopladito, pujoso, careto y mocoso. La camisa le campaneaba al haz del ombligo. Caminaba jalado, atrompezándose y con la boca en forma de O, por la trancazón de la ñata. Bajaron al camino rial y cogieron rumbo al pueblo.

Iban, iban…, en silencio, tranqueando por la calle polvorosa que, como una culebra, tenía piel a manchas de sombra y luz. Unos toros pasaban por el llano, empujando la soledad con sus mujido de brama. Al pasar por La Canoga, frente al rancho de ño Tito, la puerta de luz les cayó encima, asustándoles los ojos, y oyeron la risa de la guitarra. Pasaron en fila. Iban, iban… Como era Nochebuena, había misa del gallo; y se había corrido la bola de que el padre Peraza iba a regalar juguetes a los chicos, después del sermón. La Tina y Nacho no habían tenido juguetes nunca. Jugaban de muñecas con caragües vestidos de tuzas; de tienda en la piladera; de pulicía, con olotes; y de pelotas, con bolas de morro. Iban, iban… La chucha seca los seguía, rastrera y tosigosa. Se óiba ya, clarito, el tamborón y el pito que pastoreaban la alegría pueblerina. En una embrocada que se dio el camino, saltó cheleante el pueblo; y, desde la torre de la iglesia, el ojo de dos pestañas del reló se les quedó mirando ceñudo, y no los perdió de vista hasta que embocaron por la plaza.

Había ventas; olía a jumo, a guaro, y a cuete. Se entraba al atrio entre ramas de coco y pitas empapeladas de colores. El pito y el tambor pastoreaban la alegría.

* * *

La niña Lola los topó en las gradas.

—¿Habís venido al reparto. Ulalia?

—Sí, pué…

—Date priesa si querés que te les den algo a los cipotes. Ya el padre tá cabando.

La nana jaló la cadena, en busca del reparto; siguió el lateral de la iglesia, y se aculó contra el chumazo e gente que iba entrando encipotada al reparto. La bullanga ensordecía. Entre los que se réiban, pujaban los apretados.

La Ulalia seguía aculada, siempre al tanteyo de coger puesto. Por fin, llegó hasta la barriga negra del cura. Sonaban trompetas: sonaban chinchines; sonaban tumblimbes.

—¿Y vos? ¿Vos no sos del pueblo, verdá?

—No, padre-cura; soy del valle…

—¡Hum, hum!… ¿Tus cipotes no han venido a la doctrina, verdá?

—No, Siñor: tamos lejos…

—¡Hum, hum!… Para vos nuay; para vos nuay… ¿Entendiste? Para vos nuay… Pase lotra, pase, pase…

* * *

Topadito al cerro, floriaba un lucero. La Ulalia iba, por el camino, de güelta.

Con su voz tísica, decía:

—¡Apurate, Nachito, andá!

La Tina luiba jalando. Nachito decía:

—¿Y ed juguetes, mama?…

La camisa le llegaba al ombligo. Iba tranqueando. A lo lejos se óiba el río embarrancado. En los claros salían de los palos brazos negros, que amenazaban al cielo.

—¡Apurate, Nachito, andá!…

—¿Y ed juguetes, mama?…

Al pasar por el rancho del ño Tito, la puerta de luz les cayó encima, y oyeron la risa de la guitarra.

Una Navidad a Puras Cachas

Mauricio Yanes

Cada vez que se acercaba la navidad se me instalaba un trozo de hielo muy cerca del corazón, era una nostalgia mezclada con tristeza y angustia.

En mi pensamiento infantil aparecía la  preocupación sobre si mis padres iban a poder sobrellevar los gastos que en esa época siempre conllevan. Me preguntaba si me iban a poder complacer con lo que deseaba como regalo, generalmente juguetes que anunciaban en televisión, me ponía ansioso saber cómo mi madre iba a construir mi estreno de pantalones y camisas de mi padre. Mi papá es el comediante Pánfilo Apurascachas. Y en la navidad a la que me quiero referir estuvo ausente todo el día. Cuando le preguntaba a mi madre ¿por qué mi papá no estaba? Me decía que había ido a cobrar unos centavos de unas funciones que aún le debían. Mi ansia era tener un Big Gim, un muñeco articulado que mi padre había insinuado que me iba a comprar. Llegaron las 7 de la Noche Buena y mi padre no aparecía. Mi madre se había afanado por mi “estreno” y había puesto la casa como un espejo de limpia y reluciente. El árbol de navidad y el nacimiento, lo construimos esa navidad de desperdicios y botes de vidrio, mi padre ocultaba nuestra miseria con creatividad y buen humor. Al filo de las 8 de la noche apareció mi padre con el rostro pálido y el pelo desordenado. Mi madre abrió la  puerta y con lágrimas en los ojos le dijo – No me pagaron. Mi madre soltó su frase favorita…¨Bendito sea Dios”. Agarró el teléfono se vistió para salir y se fue.

Al rato volvió con tamales y comida para la Noche Buena. Pero entre las cosas no venía Big Gim, era un muñeco muy caro. Luego fuimos al parque Libertad a fiar fuegos artificiales “cuetes”.  Y así se fue la Noche buena. Big Gim se burlaba de mí en los escaparates de los almacenes del centro de San Salvador.

El árbol

José María Sifontes

Publicado en el Diario de Hoy. 12 de diciembre de 2009.

La Navidad es una época de reencuentro. No solamente de reencuentro con familiares y amigos sino con nosotros mismo, con las personas que fuimos y hemos dejado de ser. Co nosotros cuando éramos niños, pues ¿en qué época de la vida se disfruta más la navidad que en la niñez?

Recordamos navidades y, como en el cuento de Dickens, nos trasladamos en espíritu a tiempos lejanos, a periodos navideños con nuestros padres y con amigos de la infancia. Rescatamos del polvo del tiempo a seres queridos pero también  a cosas queridas, pues la Navidad está llena de símbolos.

Hay cosas de las navidades remotas que ya  no están pero que persisten en nuestras mente de forma tan viva que pareciera  que nunca se fueron, que siguen ahí. En cierto sentido así es y aguardan a que llegue la Navidad  para volver a estar con nosotros. Para algunos es un regalo que tuvo significado especial, para otros el Nacimiento. Para mí, aquel viejo árbol de Navidad.

En mi niñez la Navidad comenzaba oficialmente  cuando mi madre tomaba la decisión de sacar las llaves de la bodega, un rincón de la casa que casi nunca se abría y que contenía objetos de épocas  ajenas a mí y a mis hermanos. Allí se guardaba también  el árbol, y era todo un ritual entrar a ese lugar con olor a  otros tiempos y pasarle  una mirada rápida a las cosas  misteriosas  que nunca contenía. Cargábamos  las cajas con  las piezas del árbol hasta el sitio dónde siempre lo poníamos, a pocos pasos de la entrada.

Era de aquellos árboles de Navidad  color de aluminio, con tiras brillantes pegadas a  trozos  de alambre rígido. Ya casi no se ven esos árboles. Quizás perecían muy artificiales pero para mi cada destello de sus “hojas” reflejaba encanto.

Armábamos primero el tronco, unos cilindros de madera que se enroscaban y que tenían agujeros para colocar las ramas. Competíamos para sacar las ramas de los envoltorios de papel y las sacudíamos para darles volumen. Los íbamos  colocando en el tronco y poco a poco el árbol tomaba forma. Había otra caja llena de “bombas” de distintos colores, unas esféricas, otras alargadas con puntas.

Ya no se ven tampoco esas bombas brillantes y tan frágiles que siempre había que terminar barriendo los restos de las que se quebraban y dejaban ver su interior plateado y su textura casi  incorpórea. Veían finalmente las luces y la estrella. Teníamos  también un reflector con una pantalla giratoria de varios colores, que cambiaban suavemente la tonalidad del árbol.

Como es natural la noche del 24 era cuando el árbol brillaba en todo su esplendor, con  la casa llena, música y ruidos de morteros que venían de la calle. Sin embargo a mí me gustaba más ver de otra forma, en la tranquilidad de la casa dormida, las noches previas a las celebraciones.

Me  levantaba  y prendía sus luces. Y  lo miraba por largo rato, en medio de la oscuridad y el silencio. Ahí permanecíamos, solos los dos, yo admirándola y el comunicándome  con su mudo lenguaje esas sensación única de la Navidad.

Todavía me gusta ver el árbol encendido en la tranquilidad de la noche. Me evoca  aquel árbol de mi niñez. A veces dudo e apagarlo cuando me voy a acostar. Puede que uno de mis hijos una ncohe de estas, sin que los demás nos demos cuenta lo visite.

 

Sí Virginia, sí existe Santa Claus

Francis P. Church,

Uno de los editoriales más famosos fue escrito por Francis P. Church, director asistente del diario “The New York Sun”. Fue publicado el 21 de diciembre de 1897, como respuesta a la carta de una pequeña niña. Desde entonces ha sido reproducido innumerables veces, llenando al mundo con las sencillas palabras que nos recuerdan la importancia de la inocencia, la fe y el amor.

Querido Editor:
Soy una niña de ocho años de edad. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Papá me ha dicho: “Si lo ves publicado en “The Sun”, entonces es cierto”. Por favor, dígame la verdad, ¿existe Santa Claus?
Virginia O’Hanlon

Virginia:
Tus amiguitos están equivocados. Ellos han sido afectados por el escepticismo de una era escéptica. No creen más que en lo que sus ojos ven. Ellos piensan que no existe nada que sus pequeñas mentes no entiendan. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de niños, son pequeñas. En nuestro vasto universo el hombre es un mero insecto, una hormiga, cuyo intelecto no resiste la comparación con el mundo ilimitado que le rodea ni, mucho menos, con la inteligencia capaz de aprender la totalidad de la verdad y el conocimiento.

Sí Virginia, Santa Claus existe. Su existencia es tan real como el amor, la generosidad y la devoción, y tú sabes que éstas abundan y dan a tu vida su máximo gozo y belleza. ¡Cuán sombrío sería el mundo si no existiera Santa Claus! Sería tan sombrío como si no hubiera Virginias. No existiría la fe infantil; no habría poesía, no habría romance para hacernos tolerable esta existencia. No tendríamos más gozo que el de los sentidos y la vista. La eterna luz con que la infancia ilumina al mundo se extinguiría.

¡No creer en Santa Claus! De la misma forma podrías no creer en las hadas. Tú puedes convencer a tu papá para que contrate hombres que vigilen la chimenea en Navidad y pillarlo, pero aunque no lo vieran bajar, ¿qué probarían? Nadie ve a Santa Claus, pero eso no prueba que no haya Santa Claus. Las cosas más reales del mundo son las que ni los niños ni los hombres ven. ¿Has visto alguna vez a las hadas danzando en el césped? Por supuesto que no, pero eso no es prueba de que no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas aún no vistas e invisibles que existen en el mundo.

Puedes romper la sonaja de un bebé para descubrir en su interior qué es lo que produce el sonido, pero hay un velo que cubre el mundo no visto que ni el hombre más fuerte, ni aún la fuerza unida de todos los hombres fuertes que hayan existido, puede romper. Sólo la fe, el amor, la fantasía, el romance y la poesía pueden apartar esa cortina y ver y mostrar la belleza sobrenatural y la gloria que están más allá. ¿Es todo ello real? Ah, Virginia, no hay en este mundo nada más real y permanente.

¿Qué no existe Santa Claus! Gracias a Dios él vive, y vivirá por siempre. Mil años después de ahora, Virginia, es más, diez mil años después, él continuará alegrando con su espíritu el corazón de los niños.

 

CÓMO SE EDITA UN TEXTO: LAS CINCO REGLAS DE BOTSFORD

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[Gardner Botsford fue editor de The New Yorker. En este extracto de Life of Privilege, Mostly, expone unas reglas para editar un texto.] A principios de 1948, la entrega de «Carta desde París» y «C…

Origen: CÓMO SE EDITA UN TEXTO: LAS CINCO REGLAS DE BOTSFORD

Ahí donde pasa el SITRAMS hace 41 años desaparecieron y mataron a los estudiantes. 30 de julio 1975

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mingoA José Domingo Aldana lo conocí en primera visita a un estadio de fútbol, jugaban el Platense de El Salvador contra el Comunicaciones de Guatemala, como siempre se revendió la entrada exageradamente. A mí me había invitado un mi primo sádico, burlón y Rey del builling que por esos días no tenía nombre y quizás ni ahora tampoco. El desgraciado de mi primo literalmente me abandonó en medio de Sol General, era una trifulca terrible. Un viejo gordo casi me aplastaba, unos leperos me tocaban el trasero, otros jayanes me tiraban del pelo y lo peor fue cuando me alzaron en brazos y le tiraron hasta un foso hediondo a horines y caca que dividía (¿o divide?) las gradas de la cancha. Yo era solo un cipote bobo, solo y aterrorizado. De entre todas los gritos y de entre todos los que estaban ahí salió una mano… larga y bendita — Hey bicho , venite…— me dijo y de un jalón me subió, me llevó de nuevo a las gradas y me dio una gaseosa y un dulce. Me acomodó entre sus piernas y me apretó contra su huesudo pecho como en el cuento de Salarrué. Solo le faltó el — Acuchuyate aquí…

El partido fue excelente. Le ganábamos al Comunicaciones hasta que Ninón Osorio metió un gol espectacular en propia meta, no hay autogol malo. Quedamos 0 a 0 todo se definiría en Guate en una semana. El partido terminó. El muchacho hombre desconocido me preguntó si tenía como regresar a casa. No le contesté. Se me  pusieron los ojos rojos . —Te vua llevar al parque Libertad y de ahí te vas, — me dijo. Y así fue.  Fue la primera vez que vi a José Domingo Aldana pero no supe su nombre. A mi primo lo vi en la casa literalmente estaba carcajeándose de lo que me había pasado en una rueda con mis hermanas y una prima, mi tía Lidia no más me vio me zampó un cinchazo.

El siguiente domingo tocaron a la puerta. El mismo muchacho que me había ayudado en el Flor Blanca estaba ahí frente a mi puerta. —¡Ve! —me dijo — ¿Está Ivonne? Ivone era mi hermana. Llegaba por ella.

Luego pasó del miércoles 30 de julio de 1975. José Domingo apareció en los Diarios como uno de los desaparecidos. Era un uinversitario. Era un joven. Creo que era mi cuñado. Era mi amigo. Hasta la Victoria Siempre Chemingo Aldana

Los hechos según Wikipedia:

 

El miércoles 30 de julio de 1975, a eso de las 2:30 de la tarde, salieron en una marcha de protesta, estudiantes de la Universidad de El Salvador y jóvenes organizados de educación media, desde el portón de la Facultad de Ciencias y Humanidades.

La razón de la protesta fue el allanamiento del Centro Universitario de Occidente y otros atropellamientos a los derechos humanos cometidos los días viernes 25 y martes 29 del mismo mes y año en la ciudad de Santa Ana, por parte de los cuerpos de seguridad de la Guardia Nacional, Policía de Hacienda, y Policía Nacional.

Cerca de las 4:30 de la tarde, la marcha estudiantil fue violentamente reprimida, sobre la 25 Avenida Norte a la altura de un paso a desnivel, frente al edificio del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, en la capital salvadoreña. Los agentes policiales arrojaron gases lacrimógenos, y dispararon con armas de fuego, matando a varios manifestantes al instante.

Además los manifestantes fueron acorralados en el paso a desnivel con tanquetas que aparecieron detrás de ellos, las cuales atropellaban a los heridos, y obligaron a algunos a saltar a los niveles inferiores de dicho tramo. El número de muertos aún es desconocido, debido a que los agentes de seguridad bloquearon el paso al lugar y rápidamente recogieron los cuerpos y limpiaron la sangre de las calles, según observadores, con agua y jabón.

Periódicos locales con líneas de derecha publicaron la muerte de una sola persona, en un intento de invisibilizar la masacre estudiantil, mientras que según indagaciones se habla de alrededor de 50 personas fallecidas.

En un comunicado de la Asociación General de Estudiantes de la Universidad de El Salvador (AGEUS), fuentes testimoniales de familiares y periódicos locales de la fecha, se reportaron:

  • No se conoce el dato exacto, pero supera los cien muertos
  • Hasta la fecha no se conoce el dato exacto de los desaparecidos
  • 23 heridos de los manifestantes
  • 2 heridos de los alrededores (no participaban en la manifestación estudiantil)
  • 10 capturados

Los principales señalados como responsables —sin haber sido nunca juzgados— de haber ordenado la masacre estudiantil son el Ministro de Defensa y Seguridad Pública, General Carlos Humberto Romero (quien dos años después sería presidente del país), y el Coronel Arturo Armando Molina, quien fue Presidente de El Salvador entre 1972 y 1977.

 

 

Status pelatus… calle pero elegante

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El término “Status Pelatus” se lo escuché por primera vez a una compañera de trabajo en una agencia de publicidad. Ella lo refería a quienes aparentan tener y no tienen nada, como aquel Gentil Caballero , amo del Lazarillo de Tormes que era pura apariencia pero no tenía un ducado para comer.

Sin embargo además de esta aceptación hay otra que nos atañe a los salvadoreños y es la que hemos enunciado con mi amiga la poetisa Ana del Carmen González Hugget y   es que  conservar el status nos impide hacer faenas que erosionan nuestra personalidad, deforman nuestra imagen pública y van en contra de nuestra marca personal desarrollada a través de los años y con tanto esfuerzo.

Le consulté a mi buen amigo Fidel Eguizábal , experto en o la Relaciones Públicas y docente académico y él estuvo de acuerdo. En sus palabras me decía: “Es que mire la necesidad nos puede hacer vender minutas y o mangoneadas gente como usted y yo lo haríamos  porque sabemos que ningún trabajo es menos que otros y además venimos de cuna humilde, pero la gente que nos conoce puede hacerse una mala imagen de esto. Y peor aún ese esfuerzo puede disminuir nuestras posibilidades de éxito. Lo cual es peor que los tres pesos que podamos ganar en otros esfuerzos”.

De esta manera estamos atrapados esperando a Godot. En una sociedad como la nuestra el emprendedurismo es a veces visto como desesperación y al contrario de apoyarte pueden incluso excluirte de un círculo por considerar que has perdido tu status. El Status Pelatus es pues algo más que pura apariencia.

Debo advertir que en mi vida he hecho de todo, sin llegar a los extremos, como dice Miguel Ríos, he defendido mi ideología , buena o mala pero mía tan humana como la contradicción y… todo a pulmón.

Starus Pelatus es pues seguir con la ropa nueva del emperador… calle … pero elegante…

 

Recordando los programas de festejos

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salvadorordemlundo

Publicado en : http://www.contrapunto.com.sv/opinion/columnistas/recordando-los-programas-de-festejos/147

Antaño era costumbre organizar un programa de festejos en forma de revista o, si no se disponía de mucho presupuesto, una hoja volante. Recuerdo en San Vicente que el programa de fiestas que se distribuía en el mes de diciembre (a propósito de las fiestas patronales en honor a San Vicente Abad y Mártir), era uno de los más esperados puesto que personajes representativos o hechos destacados de la ciudad, eran resaltados en forma jocosa, con toda la sal y pimienta del humor popular.

Retomando la idea (y porque ya tenemos los festejos agostinos a la vuelta de la esquina) presento a continuación mi versión de programa de festejos, más que todo para maquillar con un poco de humor la corona de lágrimas de nuestro “diarius vivendis” (parodiando la locución latina).

PROGRAMA DE FESTEJOS, SEMANA DEL 1 AL 6 DE AGOSTO

¡Arriba, arriba, que esto se va a poner bueno!!!!

¡Y al que le pique que se rasqueee!

Asista y participe de las diferentes actividades organizadas para beneplácito de los capitalinos.

ESTRENOS EN LAS MEJORES SALAS DE CINE: FAUSTO, MÉXICO, PLAZA, CENTRAL, DARÍO, APOLO, REX.

“Solo contra el mundo” La increíble saga de un alcalde en lucha abierta por ordenar el centro, imponer su estilo (y sus llamativos calcetines).

“Lo que el viento se llevó” con los Magistrados de la Corte y la Ley de Amnistía.

“Face Off” con un ex presidente fallecido pero que hasta el momento aún hay dudas sobre su muerte.

“El discurso del rey” con otro presidente a quien se le dificultan las palabras además de las ideas.

“Rápido y furioso” con el diputado que por primera vez se presentó a laborar (luego de un par de meses de ausencia), sólo aguantó dos horas de trabajo y se marchó.

“Quisiera ser millonario” con una familia que ha ejercido labores domésticas al “lavar” más de 18 millones de dólares.

“Mentiras verdaderas” con una ex vicepresidenta y un secretario en gran competencia pinochil.

ESTÁ BIEN PERO ESTÁ MAL…

ESTÁ BIEN que se mejore el servicio de autobuses con unidades nuevas que hasta aire acondicionado tienen, PERO ESTÁ MAL que ya se comience a dañar los asientos y respaldos con palabras soeces. No se vale.

ESTÁ BIEN que los empleados públicos se organicen en sindicatos, PERO ESTÁ MAL que descuidan la atención de los pacientes, específicamente en el caso del Seguro Social y hospitales nacionales.

ESTÁ BIEN que la Sala de lo Constitucional se pronuncie sobre situaciones de capital importancia para el país, PERO ESTÁ MAL que lo haga sin que nadie se lo pida.

Bomba, Bomba, cohete, cohete,

Ya te vas como un chilguete.

¡BANDO, BANDOOOOOO!!!

Para quienes están considerando hacer prácticas deshonestas, sacando del mercado productos de vital consumo como frijolitos o arroz, o encareciendo la gasolina aprovechando que el pueblo se va de fiesta por unos días: TUMBLIN BLIII.

Para quienes se benefician con este clima de inseguridad y malestar en la población: TUMBLIN BLIIIII.

Para quienes no les gusta esperar su turno para subirse a la chicago, al tempest, o los caballitos, atropellando a quien se le ponga enfrente: TUMBLIN BLIIIII.

Para quienes van disfrutando del paisaje en los buses y microbuses y sin pizca de consideración arrojan por la ventana latas de bebidas, bolsas o las pajillas del fresco de chan: TUMBLIN BLIIII.

LA RE-SEÑITA

¡Shhhhhhhhh!!!! ¡Pom! ¡Pom! Y comenzaron la fiestas.

Luego de cantar la serenata a nuestra reina, partimos en alegre caravana a disfrutar de un delicioso atol shuco. Por andar de fino pedí una cuchara (porque estaba caliente) y todos se rieron de mí, lanzándome pullas “Ay, si, porque saliste a Esquipulas en enero ya te sentís extranjero” y ni modo, me tuve que atravesar el atol a pie, pero la niña Tere apenas me puso en el huacal de morro como cinco frijolitos. “No reclame, don Chepe, que los frijolitos están caros”, y yo le dije que así las cosas lo que va a pasar es que pronto en lugar de frijoles una alita de pollo le van a poner al atol, como dicen que el pollo está más barato que los frijoles. Pero no me pusieron atención porque en eso ya nos tocaba salir al parque y comenzar a armar las piñatas y juegos para los cipotes. Yo por probar quise jugar a morder la manzana, que es un juego muy divertido. Se ponen varias manzanas amarradas a una pita y luego, sin meter las manos, se come la manzana y gana quien se la termina. Pero se me olvidó que recién me habían puesto una coronita dioro y por poco pierdo un diente, jajajaja. “Eso me pasa por querer regresar los años”, me dije. Pero la fiesta estuvo pulida, chévere, aunque siempre suceden accidentes: un par de cipotes que en lugar de darle a la piñata le dan al cristiano que tienen más enfrente. Bueno, de ahí nos fuimos a almorzar al mercado, una buena sopa de patas con su respectivo chile y limón y los cohetes que no dejaron de sonar. ¡Pom! ¡Pom! Por todos lados, yo por la costumbre siempre ando una mi caja de fósforos Luz, pero quizás por la gran sudada de andar de allá para acá no encendían los tales fósforos, así que aproveché para encender un Casino y con la pajita de ayudar al cohetero, me dí un par de jalones bien tuanis. Al rato que me dijeron que ya iba a comenzar la divertida del palo encebado, y ahí si quise participar porque, aunque no me lo crean, en eso de subirme al palo siempre he sido bueno, jajajaja, pero no sean mal pensados. Ya me había puesto de acuerdo con el Liso y el Peinado, mis dos cheros de parranda, y teníamos una estrategia: el Liso me iba a dar culata y yo iba a subir hasta la mitad. Luego el Peinado, que es una flaquito más raquítico que el cheque de pensión que le dan a mi tía, se iba a encaramar sobre mí y de ahí, con un envión lo mandaría hasta arriba, hasta la canastita adornada con billetes de veinticinco colones. ¡Ahhh¡ azulitos, azulitos, nos brillaban los ojos de contemplar los billetes. Lo que no contábamos era que cuando pitaron que comenzáramos, la sopa de patas le hizo efecto al Liso y se agachó del gran retorcijón que le dio. Así hecho nudo me le subí y luego el Peinado, pero por la fuerza el pobre Liso se derrumbó pidiendo hacer del dos. Todos se deshacían de la risa pero yo ya casi me encachimbaba por la desilusión de no poder conseguir la canastita de billetes. En eso nos pitaron que el tiempo ya se había acabado y teníamos que darle oportunidad a otro equipo. Ni modo, nos tuvimos que hacer a un lado pero ¡chas! que nos recuerdan de la carrera de cintas y el bailongo, nada, que ahí se nos fueron las malas vibras y cogimos ruta hacia el Campo Marte y luego a la feria. Ya sentados en un arriate con el Peinado disfrutamos de un par de ponches y los respectivos elotes locos. Más al rato se nos unió el Liso, todo afligido pero ya libre de las molestias anteriores. A propósito de él no quiero terminar mi re-señita sin ofrecer mi reflexión filosófica sobre lo vivido en este día de festejos:

Si quieres competir y ganar la tuzada

Ten cuidado con lo que ese día comas

Pues siempre una persona ajambada

Se queda sin iniciar su maroma.

Y hasta el otro añoooooo.

Día de los Abuelos – Santa Ana la abuela de Jesús

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ANA, MADRE DE MARÍA

El nacimiento de Jesús

Mi nieto nació aquí, en Nazareth, en el mes de enero. La noche del nacimiento de Jesús unos hombres que venían de Levante nos visitaron. Se trataba de unos extranjeros que habían llegado de Asdrolón con las caravanas que mercan con Egipto. Nos solicitaron hospitalidad en nuestro hogar, pues en el albergue no encontraban lugar para pasar la noche. Les di la bienvenida y les informé:

-Mi hija acaba de dar a luz un varón; vosotros, sin lugar a dudas, me disculparéis si no os hago las cumplimentaciones que merece vuestra permanencia aquí.

Me agradecieron el haberles dado hospedaje, y, luego de cenar me dijeron:

-Es nuestro deseo conocer al recién nacido.

El hijo de María era un bebé muy hermoso; ella misma era muy bella y atrayente. Ni bien los extranjeros vieron a María y a mi nieto, extrajeron de sus bolsas oro y plata y lo dejaron a los pies del niño. Luego le ofrendaron incienso y mirra y prosternándose, más tarde oraron en un idioma que no comprendimos.

En el momento de conducirlos al aposento que había preparado para que reposaran, penetraron en el mismo con un aire de recogimiento, como maravillados por lo que acababan de ver. Cuando salió el sol se marcharon para continuar su camino hacia Egipto; mas antes de partir me dijeron:

-A pesar de tener su nieto un día de edad hemos podido ver en su mirada la luz del Dios que adoramos, y hemos visto también Su sonrisa a flor de labios. Por eso, le rogamos que cuide de Él como para que Él la cuide después.

Y luego de decir esto, montaron en sus dromedarios y nunca más los hemos vuelto a ver.

En lo que respecta a María su felicidad no era, con todo, tan grande como su asombro y admiración ante su vástago. Detenía la mirada largamente sobre su rostro, y después la perdía en el horizonte, a través de la ventana, absorta como si estuviera contemplando una revelación del cielo.

El niño fue creciendo en edad y en espíritu, y se mostraba absolutamente distinto de sus compañeros de juegos, pues buscaba la soledad y no permitía que se le mandara, y nunca pude poner mis manos sobre él.

Y era muy amado por todos los habitantes de Nazareth. Luego de unos años supe el porqué y el motivo de ese cariño y apoyo. Varias veces se llevaba la comida y la regalaba a los extranjeros que pasaban, y si yo alguna vez le daba un trozo de golosina, lo ofrecía a sus compañeros sin comer de él ni siquiera un trozo.

Trepaba a los árboles frutales de nuestra huerta y le llevaba los frutos a los que no tenían en la suya. Y varias veces le he visto jugar carreras con los chicos de la aldea; cuando se daba cuenta que alguno se le había adelantado, disminuía, a propósito, la velocidad de su marcha para que pudieran ganar sus contendientes. Y cuando lo conducía por la noche a su cama para que descansara acostumbraba decir:

-Dile a mi madre y a las otras que únicamente mi cuerpo descansa, pero mi espíritu las acompaña hasta que el de ellas se asome a mi Alba.

Y muchas otras cosas más, como por ejemplo esa hermosa parábola que me contaba cuando aún era un pequeño, pero que ahora, en mi vejez, la memoria me impide acordarme con fidelidad de ella.

Hoy me han dicho que no volveré a verlo nunca, mas… ¿cómo podré creerles? Si ahora mismo sigo oyendo su risa y el eco de sus pisadas todavía resuena en el patio de nuestra casa, y si beso el rostro de mi hija percibo aún el aroma de sus besos derretirse sobre mi alma; como también siento su hermoso cuerpo flotar estrechado contra mi pecho. Mas, ¿no es cierto que es extraño que María no haya hablado nunca más de su hijo cuando yo estaba presente? Varias veces creí sentir que ella misma tenía necesidad de verlo, pero como una estatua de metal, de esa manera se inmovilizaba ella meditando ante la luz diurna, de tal forma que mi alma se derretía y corría por mi pecho como si fuera un río.

Pero, quién sabe; quizás ella sepa más que yo; y ruego al cielo que me cuente todo lo que sabe del misterio que no alcanzo a descubrir.

Tomado del libro Jesús El Hijo del Hombre

de  Jalil Gibran Jalil