Paulo Cohelo

¿El universo conspira?

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Pura lascivia

y a quién corresponda

No el universo ni conspira,

ni transpira,

ni respira ni a tu favor,

ni al de nadie.

De hecho nada pasa si uno mismo no le da dinámica a las cosas. Para entender esto hay que partir de varios conceptos simbólicos que están entrelazados y relacionados con esta frase de Paulho Cohelo y de otros autores.

La búsqueda de los símbolos.

Hoy está muy de moda la filosofía chata de Paulo Coelho. Atractiva por simple, accesible por llana, universal por boba. Es una filosofía como la de Ricardo Arjona en sus canciones a las  que todo el mundo puede entender pero que no pasa de la cotidianidad. Es muy corriente que muchas personas se sientan identificadas por las cantarinas frases del Señor Coelho, pero el problema o lo malo de este filósofo del tercer mundo es que no trasciende a pensamientos más elaborados, sus frases, citas y libros son verdades universales pero sin profundidad humana y por lo tanto sin mucho forzarlas esas frases y citas pueden ser aplicadas a cuánta situación humana se nos ocurra.

Símbolos

Hay que definir que es un símbolo en el sentido en el que lo toma los filósofos enanos, los pseudo aprendices de brujos, los supuestos iniciados, las mujercitas cabeza hueca que se creen aprendices de bruja, los magos de a dos por cinco, sibilas de figurín, etc. Para todos estos pobres ingenuos (todos lo somos alguna vez en la vida) un símbolo es un hecho de la realidad que tiene un referente en la imaginación y la conducta de quien lo ve y para quién se convierte en un punto de inicio de un proceso o parte de un proceso, generalmente en relación con otras personas, amigos, novios, maridos, amantes, etc.

Esta teoría que tiene su origen en Jung y sus simbolismos psicológicos, también es reforzada por autores como Phill  Cossineau en sus obras sobre las sincronizaciones que es una reinterpretación de los temas de Jung. Básicamente es lo que acabo de explicar “relacionar un hecho aislado con una búsqueda interior e interpretar ese hecho, palabra, encuentro, libro, canción, lo que fuera como una respuesta a esa búsqueda”.

En las partes introductorias del libro de Phil Cossineau en su libro Momentos del Alma, Robert A. Johnson lo explica bien:

“Para Jung, una de las formas más fascinantes, pero confusas, en que el individuo puede encontrar significado es por una experiencia de sincronismo. Para él, el fenómeno de la” coincidencia significativa” era una pieza faltante  en el rompecabezas de la psique. Al final de su vida estaba convencido de que el sincronismo era una experiencia potencialmente poderosa que debería ser tomada tan en serio como los sueños, los mensajes del subconsciente y como un ejemplo de ”individualización”  del desdoblamiento de la vida única de cada alma.”

Pero todo esto desafortunadamente se queda en el campo de la poesía y de la mística. Fue el eterno dilema, problema y diferencia de fondo entre Freud y Jung, para el primero eran meros atisbos de unas formas de conocimiento místico pre científico, para el segundo toda la base de su teoría.  Freud se quedaba con los efectos de la personalidad rastreables (ello , yo,  súper yo)  a través de conductas sociales y personales, evitando cualquier inclinación a tomar sueños, intuiciones y creencias como base de ninguna teoría. Jung por el contrario se desgastaba en casi proponer un método para cada una de las personas de acuerdo a sus sincronizaciones o símbolos.

En su libro el Mundo de Sofía, Gardeer explica que esas sincronizaciones con las que nos sentirnos muy identificados como escuchar  una canción y de pronto conocer a alguien que también se identifica con ella, no son más que bromas del subconsciente:

“–También otras curiosidades cotidianas pueden explicarse mediante la teoría de Freud sobre el subconsciente. Si de repente recibo una llamada de un amigo al que no he visto en muchos años, y yo mismo acabo de estar buscando su teléfono…

–Me dan escalofríos.

–La explicación puede ser, por ejemplo, que los dos oímos una vieja melodía en la radio, una melodía que oímos la última vez que estuvimos juntos. Lo que pasa es que no se es consciente de esta conexión oculta.”

(Gaarder, J. El Mundo de Sofía. Pág. 481. Editorial Patria. Madrid. 2004)

Para terminar esta parte en El Túnel, esa novela del asesino confeso de María Iribarné, lo que sucede es que Juan Palo Castell cree haber encontrado a alguien que comparte sus símbolos, sin embargo solo es una pobre mujer más atrapada por sus deseos carnales y atraída por la personalidad artística de Castell, lo demás son solo telarañas en la mente (como en la vieja canción de Daniel Rucks) que solo viven en la febril imaginación  del pintor asesino.

¿Entonces no hay símbolos para la vida?

Sí los hay pero no son para cada individuo. Son aceptaciones colectivas cargadas de identificación y significación profunda a raíz de un hecho trascendente, de una creencia o de un culto en particular. Alrededor de los símbolos giran las religiones, los partidos políticos, las aficiones al Barca o al Real Madrid, los gustos por tal o cual cantante, etc.

Estos símbolos no admiten discusión, al pertenecer a un grupo los aceptamos y listo o nos vemos obligados a abandonar dicho grupo o bien a que se nos expulse.

Así son símbolos cargados de enorme  fuerza identificativa: la svastica, la cruz, la media luna, los himnos nacionales, las calaveras y los diablitos, el che Guevara, Monseñor Romero, la hoz y el martillo, Don

Quijote y Sancho, el yin y el yan, la estrella de David y la lista sigue.

Cuando un objeto, hecho o fenómeno se vuelve un símbolo personal, de pareja, familia o grupo reducido puede llegar a serlo universalmente. Pero mientras se mantenga en la percepción de pocos seguirá siendo una sincronía y por lo tanto de relativo valor y seguramente de corta duración en el tiempo.

Un ejemplo de un universo  que conspiró… en contra

Románticamente ella se hacía llamar Brida… y por supuesto a él le llamaba Mago. Finalmente ella fue “abrida”  pero por otro señor y el   mago quedó en ma….  El hecho es que esta licenciosa descaradita utilizaba símbolos de  Coelho para enamorar también al otro individuo. En sus correos escribía indistintamente usando cosas de Coelho para el uno y para el otro, como: “construyamos ese mundo que deseamos, pues el universo entero conspira a favor de nosotros para que lo logremos…lo creo y lo siento así.”…
Mientras con el otro se identificaba como: Tu  Brida.

El Universo Conspiró como en Whatever Works del respetado Goody Allen, pero quién sabe en favor de quién. Desafortunadamente el universo se descompuso la pobre reputación de la tal Abrida quedó mal y sigue barriendo algunos pasillos todo por andar tratando de encontrar símbolos donde solo hay… estupidez y lascivia. Sirvan estos ejemplos para hacer notar lo dúctil que es la palabra de Coelho que bien puede servir para un roto que para un remendado.  Solo basta comprarse unos libritos de él o bajarlos de internet subrayar las partes poéticas  y endozarlos a lo que uno quiera. Así de fácil.

El resultado creo que no hay universos que conspiren solo brujitas tontas que utilizan al bueno de don Paulo como tema para sus bajezas sexuales, inmoralidades e infidelidades. Pobre Don Paulo, mire usted para lo que usan sus citas para usarlas con dos maridos: a uno con Brida y al otro con El Alquimista. Hasta para eso da Don Paulo Cohelo, tan ruda y dura es esa correa.

No,  no hay tales sincronías, simbolos, ni señales personales todo es una visión conveniente de lo que querramos destacar a nuestro favor revistiéndolo de valore místicos y trascendentes. Y si los hubiera seguramente no estarían contenidos citas de libros best seller como los de Coelho sino en auténticos libros de verdadero valor trascedental…

Perdón señor universo por  inmiscuirlo en tan bajos propósitos.

PARA SABER MAS: http://cocaina.redliberal.com/001968.html
Un excelente artículo siempre referido a eso de las conspiraciones universales.

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Para comenzar el año…

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Un año que se acaba, es siempre una  etapa que finaliza. No trate de que vuelva, por que no va a suceder. Recuerde que lo que no evluciona está condenado a fosilizarse, que es la peor manera de desaparecer, siendo siempre  lo mismo. Un buen consejo es dejar que el agua pase sabiendo que nunca volveremos a estar en la misma agua aunque que creamos que es el mismo río. O como dijo don Antonio Machado: Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar… Y para corolario nada mejor que la lectura, siempre edificante, de un excelente e ilustrante escrito de Paulo Cohelo.

LAS ETAPAS

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.

Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quiera llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la Vida y seguir adelante.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente!. El pasado ya pasó.

No esperen que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted. Suelte el resentimiento, el prender “su televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.

Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.

Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo ‘llegó’ sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, le repito, ¡nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero …. cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!

Paulo Coelho