Niñez en San Salvador

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Para Don Fidel Eguizábal….

Mauricio Yanes Docente Hora Clase

Universidad Francisco Gavidia

 

Crecer en una colonia del Gran San Salvador tiene su encanto. Hay todo un maravilloso mundo de lugares, personas y momentos que no se comparan con nada. Eso de que uno no es feliz en una urbe como San Salvador lo dicen quienes vivieron, por las razones que sean, en el campo. No, Don Fidel Eguizabal , quienes crecimos en la ciudad también fuimos niños felices. No cambiaría mi niñez por la suya, por nada del mundo.

 

Crecer en una colonia de ciudad es lo mejor, se tienen grandes amigos como el Gordo Navas que jugaba como nadie al fútbolito de callejón, Daniel el gran cerebro de nuestras investigaciones científicas, con él pudimos hablar, alterando un walkie talkie de juguete con el piloto de un avión. Y qué decir del Payaso, que siempre se estaba riendo, Ivan que añoraba a su mamá que vivía en Italia y entre ellos había un niño culto , serio y bobo con una mata de pelo rojo al que le decía Moris, ese era yo y era feliz.

 

El trompo, la chibola, el capirucho, el yoyo… el Baseball en el “diamante de la Guatemala”, el BKB , las piscuchas que se perdían entre un mar de edificios grises y por misteriosos bellos, eran momentos idílicos. Nosotros éramos una pequeña pandilla urbana, no delincuentes. No debemos confundir una cosa con la otra. De hecho la palabra pandilla aparece en el cine y la TV  como metáfora de amistad. Don Gato y su Pandilla, La pandilla del Barrio, original de Tin Tan, la encantadora “La Pandilla” , película de Walter Mathau de 1976. Y Los inolvidables Goonies.

 

¿Cómo olvidar mi escuela de ciudad? Vieja pero limpia. Nadie te miraba de menos. Los lugares exclusivos no nos incluían, ni hoy tampoco, y cómo no sabíamos que existían, pues, no existían. Además vinieron cuando ya éramos grandes. Mi apartamento era pequeño y vivíamos muchos en él. Pero había espacio en algún lugar para fiestas y cumpleaños felices. Las casas grandes del campo nos aburrían, ¡el horror de una atoleada! El eterno aburrimiento de la tarde de domingo en la casa de mi abuela. Ufffff . No en la ciudad todo está junto. Íbamos a casa de nuestros amigos a jugar con sus libros, con sus rompecabezas o a esperar la hermosa hora de ver “Los Monster” por televisión o “Episodios de Flash Gordon”.

 

 

Los grandes momentos aunque no le guste a muchos se viven en la ciudad: grandes desfiles, ver ganar a la Selecta en el Flor Blanca, ir a la Biblioteca Nacional, grande espaciosa y llena de libros. Es lo más bonito que te puede pasar siendo un niño. La ciudad no tendrá fincas, ni árboles frutales gratuitos (nunca he podido diferenciar un guarumo de un palo de mangos) pero siempre hay un jardín privado o una cerca que saltar, como dice el poeta Oswaldo Escobar Velado… Señora perdonadme me robé un marañón de su cercado….

 

Ahhh que grande era mi escuela. Al salir jugábamos, si estaba lloviendo con barquitos de papel cuadriculado… La policía estaba a una cuadra de mi escuela República de Costa Rica en propio centro del Dowton, pero eran policías chirles como los del cuento de la “La bolejabón de Salarrué”. Esos sí son buenos momentos.

 

En los pueblos hay que buscar qué hacer en las inmensas tardes. En la ciudad siempre hay algo qué hacer. Eventos, partidos, noticias… Nadie te conoce y a nadie le importan los achaques de tus mayores, ni si hay alguien nuevo. Uno vive su vida y eso lo hace fuerte. Se vive con intensidad, menos que en un pueblo quizás,  pero se vive cada segundo de manera diferente.

En la ciudad se hacen amistades para siempre. Las redes sociales y las consolas no son propias de la ciudad, en este momento debe haber muchos niños rurales jugando con su cel o con su consola que le han enviado de USA. El amor del barrio, de la colonia, se demuestra en los partidos de fut. En los retos de carrera… si quiere pelear peleemos , si quiere cantar cantemos dice la trova….

Los niños de ciudad aceptábamos los retos de la tecnología dominándola no aterrándonos ante ella como simples paletos. Pasé por la niñez imitando a mi hermano descerrajando el viento y apedreando el sol… creo que entonces en el mismísimo corazón de mi amado San Salvador fui, soy y seré feliz….

 

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