Maldecir no tiene nada de maldito

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cesar2

Mucha gente tiene miedo a maldecir porque cree que lo que deseen a los demás les recaerá a ellos. Si este punto de fe o anti fe fuera cierto se imaginan lo desgraciados que fueran los ejércitos que maldicen a sus enemigos, pero Kill Roy today is here  y al Tío Sam parece no caerle ninguna maldición. Se imaginan lo desgraciado que sería gran cantidad de políticos, empresas de armas que son maldecidas constantemente desde los cultos de las iglesias. No todo eso no es cierto.  Lo que sí puede tener un punto de verdad es que maldecir nos llena de rencor, de odio y de falta de perdón y ya lo dijo  Confusio: “No perdonar es tomar veneno y esperar que el otro se muera”.

Y no es cierto pues hay casos en que con el mayor cinismo decimos “Dios te bendiga” o “Gracias  Dios te lo pague”, pero por dentro estamos deseando todo lo contrario. ¿Qué más maldición que esa?

Así que pongamos como primer punto que maldecir en tanto que “mal decir”,  o sea decir cosas desagradables hacia otro no produce más que un desahogo, nada tiene nada que ver con los sentimientos que produce. De hecho es uno de los insultos más generalizados en el idioma inglés : god demn.

Maldecir o estar maldito es un deseo vehemente. Son famosas la frases que dicen que tal o cual cosa está maldita, como Oak Island, el equipo de balompié de Portugal Benfica por un mal deseo, maldición de Bela Gutman, la maldición de Malinche, o ganar el Oscar o el Balón de Oro. Puras configuraciones, obsesiones y ecos de lo que se dice sin ninguna base mística. Veamos, si yo maldigo un grupo de chinos o afganos que no entienden el idioma ¿cómo me va a recaer si en la práctica no he maldecido a  nadie? ¡Por favor un poco de sentido común!

En la UCA el inolvidable Paco Escobar  nos enseñó que la maldición es conocida en literatura como imprecación y está en la categoría de figuras vehementes de la literatura. Ejemplo:

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. San Mateo 23- 27.

Y también  de Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte hay algunos ejemplos:

Avanti ( fragmento)

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora…
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza !

¡ MOLTO PIU AVANTI ANCORA ! (fragmento)

Mira cómo la nieve se deslice
sin una queja de su labio yerto,
cómo ansía las nubes del desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe:
Maldice de los hombres, pero ríe;
vive la vida plena, pero muerto.

Y en la “Fablilla del secreto bien guardado” Alejandro Casona pone en boca de Bruno el padre del protagonista, Juanelo,  una maldición, sin deseo de maldad, ante las dudas de su hijo:

  • Juanelo: ¡Que no puede ser!¡Que sí puede ser! ¡Y era padre, era…!
  • Bruno: ¿Pero que era maldito? (le da una cachetada)

Un último ejemplo la novela “Cien Años de Soledad” de García Marques es en sí misma una maldición:   “porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Es más , este dato no lo he comprobado, me dicen y circula en la red un artículo que dice que maldecir alivia el dolor.

He aquí un link al respecto: http://tecnologia21.com/33869/estudio-maldecir-alivia-dolor

Así que adelante maldiga, sin rencor, solo como desahogo… Abur.

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