Gracias Brasil por el 7 a 1.

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Los salvadoreños y las salvadoreñas sabemos bien que es llorar por el fútbol. Y lo sabemos porque  durante 32 años hemos recordado con dolor el 15 de junio y la Copa Mundial España 82. En esa ocasión nos enfrentábamos a un equipo que en mundiales pasados se había erguido como una máquina de hacer goles con un jugador legendario llamado Puscas o algo así.  Nuestro equipo, como casi todas nuestros logros deportivos, había clasificado de  carambola al torneo  y aunque de esa generación salió el más grande jugador de nuestro país,  Jorge  Mágico González, llegábamos con muchas limitaciones. Yo vi el partido por TV Canal 4 con narración de Mauricio Saade Torres.  Al final del primer tiempo perdíamos 3 a 0.  Al 65  cuando ya perdíamos 5 a   0 , anotamos el  que es hasta ahora nuestro único gol en un mundial… y nos anotaron 7 más.

Desde entonces los salvadoreños hemos pensado que somos los peores en jugar a al balompié. Superados por todos los demás de Concacaf (México, USA, Costa Rica, Jamaica, Honduras, etc.) hemos ido durante 32 años evitando el tema  con los niños, riéndonos de nosotros mismos como único mecanismo de defensa, esperando otra goleada.

Al verlos perder a ustedes, la sonrisa  y la esperanza ha vuelto. No, no nos estamos burlando pero su goleada y su debacle nos han enseñado mucho a los guanacos. Aquí una pequeña lista de reflexiones.

1-      La grandeza de Brasil. Igual que nuestra Selecta 82, ustedes jugaron hasta el último minuto de cara  al problema. Igual que nosotros  celebraron, con diferencias de intensidad, el único gol cuando ambas causas estaban perdidas.

2-      Nuestras distancias. Ustedes son pentacampeones. Nosotros… guanacos. ¿Es solo de 3 goles la distancia entre las selecciones de El Salvador (el Pulgarcito de América) contra la selección de Brasil (el Gigante de Suramérica)? Es obvio que no. Pero su goleada nos demuestra que los resultados abultados solo son una posibilidad dentro del juego.

3-      La fallida esperanza de una revancha. Ustedes, amigos brasileños, querían borrar ese fatídico 2 a 1 con Uruguay en vuestra propia casa en 1950. No se pudo. Esperaron 64 años solo para que el dios del fútbol los hiciera volver a comenzar la cuenta.  Igual los salvadoreños esperamos cada mundial a ver quién nos quita el récord y no pasa nada. Lo más probable es que igual con ustedes no pase nada. Lo que querrá decir que no hay nada que hacer. Hay que seguir jugando con la alegría de ambos equipos y dejémosle las estadísticas a los cronistas deportivos.

4-      Una nueva oportunidad. En 2015 ustedes organizarán los Juegos Olímpicos.   Curiosamente en la única categoría en que ustedes no tienen preseas de campeones en e la categoría Olímpica , la oportunidad está servida para que ese niño  que el mundo vio llorar con una lata de Coca Cola en la boca en las gradas del Mineirao aplauda a sus ídolos dentro de muy poco. Con las diferencias del caso, nosotros nos hemos consolado con el equipo de fútbol playa, humildes pescadores descalzos desde siempre, que ahora son los número 4 en las tablas FIFA de la categoría. Con humildad mis queridos brasileños, con humildad.

5-      El fantasma de los amaños. Si ustedes sospechas que alguno de sus jugadores hizo trampa o vendió el partido no duden en sacarlo de toda competencia. El portero de nuestra selección apodado el Mudo Montes es  ahora el ícono de la maldad y la traición en El Salvador. Si alguno de ustedes se corrompió… rómpanle la vida.

6- Pensemos que fue un accidente. Ni El Salvador merecía 10 goles ni ustedes 7. Eso fue irse en un barranco. Un descuido mayúsculo. Lo demuestra que nunca más se ha repetido tal acción. Y no se repetirá con ustedes. Hungría no ganó nada perdió sus dos siguientes partidos y si Dios es grande lo mismo le pasará a Alemania. Como dice Joaquín Sabina : Goliat era un patán, David era un gigante.

7- Lo nuestro fue en la fase de grupos. Lo vuestro en Semifinales. ¿Qué más da? Como decimos en la guanasia” Hágale huevo compadre”…

 

Y por último, una vez más gracias, pues vuestra quijotesca hazaña nos ha demostrado  que en el balompié no hay nada escrito y que hasta los  grandes caen.  Igual que a ustedes el fútbol nos apasiona. Una cachimbeada no nos va a quitar la alegría. Ánimos mis brasileños y que siga el fútbol.

 

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