¿Izquierdas y derechas?

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Tomado de: http://filosofiahoy.es/Victoria_Camps_Izquierdas_y_derechas.htm

En qué se distingue hoy la izquierda y la derecha con respecto a los nacionalismos, al tratamiento de la diversidad cultural, a la convivencia con otras religiones? Se pregunta la filósofa en nuestro número 8 de Filosofía Hoy en el que el dossier está íntegramente dedicado al análisis de la izquierda y la derecha.

¿Podemos seguir distinguiendo a la derecha de la izquierda? En la teoría, sí; la práctica es otra cosa. La vieja distinción según la cual la derecha prioriza las libertades individuales y la izquierda la igualdad o la equidad sigue siendo válida. La derecha es liberal (en el sentido europeo) y la izquierda socialista. Pero ese marco dice poco en nuestro tiempo porque todo ha cambiado. Ha cambiado un individualismo que nació con las primeras declaraciones de derechos. Un individualismo que pudo ser “posesivo” y se basó en los privilegios de unos pocos,  pero que también tuvo una ambición  “universalista”. De él nacieron los derechos humanos como derechos individuales y universales. Hoy, en cambio, tenemos un individualismo que singulariza grupos y entra en una contradicción con la universalidad de la justicia que ni la izquierda ni la derecha entienden. El multiculturalismo fue la primera respuesta, aceptada por unos y otros, y destinada al fracaso. ¿En qué se distinguen hoy la izquierda y la derecha con respecto a los nacionalismos, al tratamiento de la diversidad cultural, a la convivencia con otras religiones?

Por lo que se refiere a la igualdad, el Estado de Bienestar ha sido la plasmación práctica del acceso de todos a unos bienes básicos. Fue la izquierda quien extendió y ejecutó la idea, aunque no nació de la izquierda propiamente,  sino de la voluntad germana y británica de neutralizar políticamente a los menos favorecidos. También ha sido la izquierda la abanderada de la igualdad de las mujeres, de los homosexuales, de los dependientes. Todas estas reivindicaciones, una vez medio conseguidas,  acaban convirtiéndose, por fortuna, en patrimonio de todos los partidos razonables y moderados, sean más o menos conservadores o progresistas. Las prestaciones sociales en estos momentos peligran, es cierto, pero será difícil desmantelarlas de raíz, por lo menos en Europa. Además de luchar con mayor empeño para que eso no ocurra, a la izquierda le falta ahora imaginación para seguir liderando las reformas más progresistas. Reformas más sutiles y menos aparatosas que las que consistieron en universalizar la educación o la seguridad social. Es evidente que la distancia abismal entre los más ricos y los más pobres nos coloca ante una desigualdad inédita. Habría diferencia entre la derecha y la izquierda si ésta se propusiera de veras abordar esa desigualdad. No con medidas de cooperación (eufemismo para la caridad), sino con cambios estructurales. Esa sería, a mi juicio, la auténtica diferencia.

¿Es posible afrontar el reto en un mundo globalizado? Debería serlo si el objetivo fuera globalizar no sólo la economía, las finanzas y la tecnología, sino los derechos humanos. Los desafíos más inmediatos exigen la recuperación de la crisis económica, en un contexto en el que los gobiernos, sobre todo los que están peor, poco pueden decidir por sí mismos. Aún así, las medidas que se tomen en cada caso podrían llevar la marca del gobierno que las tome, de su orientación a la derecha o a la izquierda. Digo que “podrían”, no que de hecho sea así. La indignación del 15 M protesta contra una manera de hacer poco sensible al sufrimiento real de las personas. Ahora bien, más allá de las medidas más inmediatas, no estaría de más pensar en el futuro y en procurar quitar de en medio los obstáculos que, de seguir ahí, nos harán caer en los mismos errores. El sistema sanitario, el sistema educativo, el derecho al trabajo o a la vivienda deberían ser repensados desde donde estamos para determinar a dónde queremos ir. De momento, no hay ningún movimiento en tal sentido y me temo que no lo habrá cuando hayamos superado la crisis. Pero si se intentara, sería una ocasión para distinguir el modelo de la derecha y el de la izquierda. ¿No será esa la razón fundamental para no intentarlo?, ¿el temor a que el retrato de unos y otros se parezca demasiado?

VICTORIA CAMPS es catedrática de Filosofía Moral y Política en la Universidad Autónoma de Barcelona.

 

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