La Selecta de Playa y la revista Marca de España

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Aquí les dejo el impecable reportaje que publicó Marca en su primera plana.

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http://www.marca.com/2011/09/13/mas_deportes/otros_deportes/1315915000.html

Logran la cuarta plaza en el Mundial de Fútbol Playa

Un grupo de pescadores logra la mayor gesta deportiva de El Salvador

  • Los artífices de la mayor gesta del deporte salvadoreño se ganan la vida en el mar · Son los integrantes de la selección de fútbol playa, cuarta en el Mundial · Hoy serán recibidos como héroes · Sólo piden una lancha “para pescar mejor” ·

Andrés García y Paco Roche 13/09/11 – 13:56.

“A toda honra y que todos lo sepan, somos una potencia en el fútbol playa y hemos alcanzado un titánico cuarto lugar en el Mundial de Ravenna”. La crónica íntegra está disponible en la edición digital de La Página de El Salvador, pero estas 27 palabras son más que suficiente para comprender por qué un puñado de jóvenes pescadores han conseguido cautivar el corazón de los más de seis millones de habitantes de este país centroamericano.

El combinado nacional salvadoreño de fútbol playa es un soplo de aire fresco en un ámbito tan profesionalizado e incluso mercantilizado como el del fútbol. Con sólo siete años de vida, ha logrado un hito desconocido en el deporte de esta nación. El cuarto puesto en el reciente Mundial disputado en Italia supera con creces las presencia de la selección absoluta de fútbol 11 en México 70 y España 82 o el oro de la marchadora Cristina López en los Juegos Panamericanos de 2007. Todo el país ha vivido pendiente de 12 muchachos -10 de ellos son pescadores-, que dejaron varadas sus barcas y cambiaron anzuelos y redes por balones y goles.

La Azul playera nació en 2004 de la mano de Israel Cruz. Este entrenador, tras 10 años en Estados Unidos, recibió el encargo de la Federación salvadoreña de poner en marcha una escuela de fútbol base en la zona de las islas de Rancho Viejo, San Sebastián y La Pirraya. Pero le fue imposible. “No había espacio para crear una cancha de fútbol. Todo eran manglares, por eso nos decantamos por el fútbol playa”, apunta Cruz.

Un torneo doméstico entre las tres islas dio origen a 15 equipos de los que surgieron los primeros internacionales. Cruz se topó con unos nativos con unas condiciones innatas para la práctica del fútbol en la arena: “Desde niños su único entretenimiento era dar patadas a un balón en la arena, pero carecían de fundamentos técnicos, tácticos y de cualquier conocimiento del reglamento”.

Cruz se desvivió por edificar las bases de una futura selección competitiva. Tiró de vídeos para conocer el fútbol practicado por otros combinados, cambió los hábitos alimenticios de los chavales -sólo comían pescado, tortillas o frijoles-, les entrenaba por la mañana para que por la tarde pudieran faenar en el mar, arregló sus visados y les dirigió en su primera experiencia internacional.

Miedo a volar
En 2007 disputaron en México su primera Campeonato de la Concacaf. Perdieron los tres partidos, pero sirvió para que estos chavales salieran de la isla y montaran por primera vez en avión. Todos, no. El ahora capitán Agustín Ruiz (23 años) rompió su pasaporte: “Me daba pánico volar”. Mientras, sus compañeros descubrieron que una tarjeta podía abrir la habitación de un hotel. En 2008, ya bajo la dirección técnica de Rudis Gallo, disputaron su primer Mundial para un año más tarde proclamarse campeones de la Concacaf. “Al tomar contacto con otras selecciones los jugadores mejoraron enormemente su nivel. Era nuestro único campo de pruebas, porque no disponemos de recursos para organizar amistosos”, señala Cruz.

El pasado 1 de septiembre La Azul playera comenzó su andadura en su tercer Mundial. “El objetivo era ganar un partido por primera vez en un evento de este calibre, luego pasar a la segunda fase y a partir de ahí, soñar y soñar”, comenta el seleccionador Gallo. El inicio no pudo ser más desalentador: derrota 11-2 ante Portugal. Pero, luego todo cambió. Primero, victoria 4-3 ante Omán con gol de Ruiz a 26 segundos para el final. Luego, idéntico resultado ante Argentina para pasar a cuartos de final.

Ahí esperaba la anfitriona Italia. El buen hacer de la selección ya era vox pópuli en El Salvador. El silencio inundaba las calles cada mediodía, sólo roto por el sonido de las radios o la televisión. Los niños acudían al colegio con las camisetas de su selección. Incluso la Asamblea Legislativa interrumpió su sesión plenaria para presenciar el trascendental choque ante Italia.

El Salvador venció por 6-5, prórroga incluida, con cuatro goles de Frank Velásquez. A sus 21 años, este estudiante conectó con el fútbol playa como un mero pasatiempo. Ahora puede presumir de ser Bota de Bronce de un Mundial, además del MVP y máximo goleador de la última Copa Concacaf. “Hemos hecho feliz a mucha gente. Quizá muchos niños vivan mejor ahora al poder soñar con lograr algo tan grande como nosotros”, comenta Velásquez, cuya meta pasa por dar el salto a Europa: “Ojalá que algún club se fije en mí. Es mi sueño y si fuera el Barça, ni te cuento”.

Como prima, una lancha
El Camp Nou todavía les queda lejos, no así el Bernabéu. Antes de llegar a Italia pasaron por España y visitaron el coliseo madridista. “Era un sueño para muchos de ellos estar en un estadio tan importante. Muchos sólo conocían su playa antes de jugar al fútbol”, recuerda Israel Cruz.

Rusia les apartó de la final y en el tercer y cuarto puesto cayeron ante Portugal, pero sólo por 3-2. “Eso demuestra lo que hemos crecido en este Mundial. Es el éxito de la humildad, de la fe, de creer en uno mismo, aunque ahora nos medirán con una varita más grande. Van a exigirnos más, por eso espero contar con más recursos para preparar las siguientes citas internacionales como el próximo Mundial en Haití”, señala Gallo. Cruz espera que este éxito también repercuta en el fútbol playa salvadoreño: “Se necesitan tres canchas para jugar, un estadio, poner en pie una liga competitiva y un juego de fogueo previo a la participación en un gran torneo. Hay que dar continuidad a este triunfo y que no sea sólo el fruto de algo espontáneo”.

A nivel individual, los internacionales estarían encantados con que el premio por su excelente rendimiento se materializara en una lancha o un motor para las barcas. “Nos ayudaría mucho porque ahora, cuando vamos a pescar, usamos las lanchas de los patrones y tenemos que pagar por ellas. Si tuviéramos nuestras propias motoras sólo afrontaríamos el gasto de la gasolina”, comenta el capitán Ruiz, que no sabe escribir ni leer correctamente, pero que aprendió a firmar porque le pedían autógrafos. De momento, han conseguido que una cadena de supermercados les regale alimentos para los próximos tres meses.

Hoy serán recibidos como héroes en El Salvador, pero dentro de una semana volverán a ganarse la vida con las redes en la mano; a surcar el mar en busca de su sustento y el de sus familias; a vigilar que las olas no echen abajo sus cabañas y a limpiar la playa cuando baje la marea para mantener vivos sus sueños, mientras dan patadas a un balón.

http://www.marca.com/2011/09/13/mas_deportes/otros_deportes/1315915000.html

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