La lingüística para mucho sirvió

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El titular de este artículo del Maestro Ricardo Chacón, a mi juicio hace referencia a las críticas y mofas de algunos estudiantes de humanidades que por mucho tiempo se cuestionaron por qué estudiar cursos de lingüística en carreras técnicas, científicas y matemáticas. Las respuestas las da el mismo Ricardo en este excelente artículo. Para muchos como yo fue un privilegio haber estado frente Ana Nafría en sus cátedras de Lingüística I y II, Historia de la Lengua y Gramática Superior. A la ve es un honor poder incluir en este blog el comentario del Maestro Chacón sobre su amiga, ahora miembro de la Academia de La Lengua.

Para finalizar este corolario solo decir que estudiar la lengua es estudiar los signos que rigen cualquier actividad humana…. abra palabra.

Ricardo Chacón* Sábado, 19 de Marzo de 2011

Desde los años setenta Ana María Nafría se ha dedicado a la docencia universitaria, principalmente enseñando el abc de la lingüística; probablemente, y lo digo con todo el peso de las palabras, si esta profesional de la lengua, nacida y graduada en España, no se dedica a esta labor docente, El Salvador, y con ello muchos profesionales, no hubiesen tenido el conocimiento de esta disciplina que trata de darle sustento teórico práctico a la lengua.

Nafría formó parte de esa generación que impulsó el conocimiento estructural en el país; desde la lingüística se conoció a Ferdinand de Saussure, Noam Chomsky o cualquiera de los grandes lingüistas modernos que han sentado las bases teóricas de esta disciplina, que permite explicar el desarrollo de la lengua.

En las carreras de letras (QDDG), filosofía, sicología y otras más que se imparten en la UCA, los alumnos de primeros años tienen que enfrentarse a los áridos conocimientos sobre la lengua y el habla, significado y significante, diacronía y sincronía entre otros muchos conceptos que forman el entretejido estructural,que trata de explicar los signos en sus múltiples expresiones.

No sólo se trata de conocer y aprender del texto de Saussure (Curso General de Lingüística, un libro elaborado a partir de los apuntes de los alumnos de este autor, nacido en Ginebra y el que se considera el padre de la lingüística), sino también de formar la mente para entender la realidad de manera estructural y comprender que los problemas son complejos y que requieren ser entendidos de manera integral.

Los malabares entre lo concreto y abstracto forman parte de la iniciación y luego fortalecimiento de un pensamiento sólido y crítico que se adquiere en la escuela y en la universidad, cuando ésta se convierte en un acicate para la vida intelectual.

Y es que, claro esto se entiende con el paso de los años, estudiar lingüística en los primeros años de la carrera universitaria, sentó las bases entre los jóvenes de un conocimiento estructural de la realidad, un conocimiento que nos adentra a la ciencia y sus características abstractas, explicativas, más que descriptivas.

Entender por ejemplo el signo lingüístico, la asociación entre el concepto y la imagen acústica, no es más que una delimitación convencional de una cuestión amorfa de contenido de cierta significación, mediante una forma lingüística. El signo lingüístico, tal como lo dice Saussure, no es más que una entidad sicológica de dos caras, significado y significante (para el concepto y la imagen acústica, respectivamente).

Para los que se sentían atraídos por esta disciplina, que explica con tanta pasión Nafría, esto era una mina que había que explotar con mucho más estudio y dedicación; algunos de los alumnos aventajados se especializaron, incluso en universidades del extranjero.

A otros, la mayoría, esta disciplina les abrió el camino para intentar pensar de manera estructural y tratar más que contar la realidad, explicarla.

Hubo algunos desengaños. Por ejemplo, un discípulo de Saussure, Humberto Ecco, un historiador del medioevo, escritor de no sé cuántos estudios de semiótica (estudio del signo), de corte estructuralista, dejó la disciplina cuando se enteró que era mejor contar la realidad más que tratar de entenderla; esto lo hizo después del éxito comercial alcanzado con el libro “El nombre de la rosa”.

Pero bien, lo gozado nadie nos lo quita y lo aprendido en la cátedra de Nafría ha servido para la vida; esto es suficiente para agradecer la labor docente de esta académica de pura cepa, ahora miembro de la Academia de la Lengua Salvadoreña.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

Publicado en Diario de Hoy Domingo 20 de marzo de 2011.

Edición electrónica: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=5667900

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