Misantropía

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Odio la gente prosaica. Odio las colas en los restaurantes baratos llenas de hombres de cara lustrosa y con corbatas raídas, empleaduchos de tísicas oficinas con dueños de clase media. Odio a las secretarias, las vendedoras y las empleadas de medio pelo que salen de los restaurantitos con una bandejita desechable llena de comida contorneando las nalgas y tratando de pasar por gente distinguida y fina cuando el plato de comida que llevan denuncia su pobre condicion social y la estupidez con que ven el mundo al no darse cuenta que además de ridículas se ven pobres y lastimeras, que ese platito desechable es el grito público de “No tengo ni la más mínima idea de lo que es conciencia de clase”.

Odio a los cobradores de los buses y las busetas o microbuses, que le hablan a nadie en cada parada de buses solitaria y que quieren convencerme que vaya a un lugar cuando quiero ir a otro. Odios sus caras llenas de impurezas, grasa y tierra del camino. Odio su actitud prepotente e ignorante a la orilla de la puerta de los transportes públicos.

Odio los idiotas que no saben mucho y lo que saben lo distorsionan. Esos y esas que hablan de lo que se ve en la television, que están pendientes de la vida de los artistas y de los jugadores de fútbol. Que el único libro que han leído y con dificultad es el silabario saltándose el correcto uso de varias letras homófonas. Odio a  esta clase de incultos que creen a pie juntillas en los pastores y los curas, y que ignoran de fondo y por completo que la biblia solo es un libro con cuentos hebreos que hemos dado como sagrados.

Odio a los niños imberbes esclavos de las redes sociales y de las estúpidas novedades de la internet. Odio sus ademanes afeminados, sus pláticas flojas, fofas y sin ideología. Odio su propensión al sexo y a la vagancia. Odio su insulso rechazo por la lectura y odio el panteón confuso y caótico con que configuran su pobre imaginación.

Odio a los vigilantes y guardias privados de todas las empresas, instituciones y lugares que no se han dado cuenta que ya se acabó la guerra civil y que ganó la izquierda hace un año. Odio sus miradas de sospecha, sus actitudes de militares de segunda o tercera categoría, sus manos que escriben malos reportes que nadie lee y que ellos creen lo más importante del mundo. Odio sus zapatos lustrados, su pistolón oxidado, su uniforme de juguete, su garrote para deshacer ideologías, sus preguntas mecánicas y erráticas, su rigidez mental ¡Uff, uff y recontra ufff!

Odio las explicaciones simples, la hipocresía de los ejecutivos y los vendedores, odio la insulsez de los jefes sin carácter, odio a los scouts niños disfrazados de militar dirigidos por un militar disfrazado de niño.

Odio a los mentirosos. Odio a los que faltan  a sus palabras. Odio a los  cobardes que no pueden decirme defrente lo que piensan de mí.

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