Kevorkian y el Karate Kid, dos estrenos y dos puntos de vista.

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Yo soy de esas personas que pueden contar su vida a través del cine, como en Cinema Paradiso. Con mi padre íbamos al cine casi todos los días, no es que nos sobrara el dinero, es que un tío era el encargado de la seguridad de una cadena de cines y nos dejaba entrar de gratis. A la salida de la escuela, me iba a la radioemisora donde trabajaba mi padre, comíamos  un pan en el camino y luego al cine de la una de la tarde. Este curso  intensivo  de cine me hizo ver la magia del cinemascope, la llegada del tres de, el aparecimiento del surround y del dolby, el paso del stop motion a los efectos especiales; y conocer grandes actores de antaño como Peter Fonda, Audrey Hepburn, James Stewart y Shirley Temple. Ocasionalmente veíamos películas francesas   como las divertidas de Luis de Funes; u orientales (chinas, japonesas y coreanas) protagonizadas por el Espadachín Manco (Wang Yu) y  más recientemente la saga de Bruce Lee, después de las cuales todos los que íbamos al cine salíamos tirando patadas y trompadas y maullando como Lee. Más extrañas eran las películas indias, recuerdo “Jo Jo el mejor payaso del mundo”  y otras escenas  sueltas en mi memoria, que no he podido averiguar  a qué películas corresponden. Más abundantes eran las películas italianas, tanto los espaggeti western (Cint Esatwood), como las películas eróticas (Lando Buzanca), donde Laura Antonelli, nos hacía retorcernos en la silla del cine. Obviamente estas las fui a ver solo  y cuando ya era mayorcito. Y qué decir de la avalancha del cine mexicano uff, uff y recontra uff. Películas baratas en cuanto a presupuesto, trama y desarrollo, pero de gran preferencia por el pueblo por la sencillez de sus argumentos y por lo cotidiano de sus actores, comparados con los engominados europeos y norteamericanos.

El Karate Kid de 1984

Todo un fenómeno, una película en la que ganan los débiles. Basada en un cuento la película nos hizo soñar con una forma occiental de las artes marciales. Esta película, generó una secuela de tres más, tres protagonizadas por Ralph Machio, y la última por Hilary Swamp. Hoy el hijo de Will Smith, Jaden Smith, encarna al neofito occidental que asume el reto de aprender artes marciales y derrotar a los que hacen mal uso de la parte física de toda una filosofía oriental.

La vida como reto

El film, que se estrenó el sábado recién pasado en El Salvador, es un cúmulo de entusiastas sentimientos por derrotar fantasmas del pasado. El protagonista Dre Parker, es un niño negro en una sociedad de gente oriental. Dre ha llegado a la legendaria China Comunista, por un trabajo que su mamá debe desarrollar. Es hijo de una madre soltera.  Además está solo, no conoce a nadie, su primer amigo es un niño blanco como la nieve que prefiere navegar con bandera de tonto a enfrentar las costumbres de China. Su primer amor en China es una niña china, pero alternativa que toca el violín, y su único aliado es el malhumurado jefe de mantenimiento del condominio donde viven, Jackie Chan, el Señor Han, quienes finalmente encontrarán la compañía y la solidaridad que busca.

En fin una historia que nos saca del cine con ganas de enfrentar retos. Con ganas de encontrar maestros ocultos en la gente prosaica. Con ganas de conquistar  cualquier apuesta que nos imponga la vida, así sea este saltar la Muralla China.

La muerte como salida

Coincidencialmente, HBO estrenó este mismo fin de semana “You don’t know Jack”, basada en la macabra historia del Dr. Jack Kevorkian, ese famoso y para muchos nefasto médico de origen armenio y residente en Estados unidos que ayuda a morir a los pacientes terminales. Los cronistas registran ciento treinta casos de eutanasia o muerte por piedad practicada por Kevorkian. Interpretado por un inmejorable Al Pacino, excelente como el vino viejo, el film, medio documental, medio historia, nos enfrenta con uno de los problemas más serios de la vida: la muerte. Y no solo la muerte sino la decisión personal de tomar la vida en nuestras manos y terminar con ella. La muerte se presenta como salida al sufrimiento, como la ceremonia de clausura de todos los problemas, como el telón de cierre de las más tristes tragedias. El telefilm plantea una y otra vez la gran pregunta si es más justo ver sufrir a una persona o ayudarle a morir.  En ella se entrelazan todas las críticas de los defensores de la vida y de los fanáticos religiosos Producida con la excelencia de HBO, la película ya cuenta con diez nominaciones a premios  Emmi. Aunque no es la primera vez que se hace un film sobre el tema (recordamos Mar Adentro, con Xavier Barden como cuadrapléjico), esta producción tiene ese toque del gran cine.

En fin así es la vida y así es la muerte. Un actorcito de apenas doce años; estrena pelicula al lado de un consgrado de las cámaras. Un film que nos hace pensar en vivir y otro en morir.

Kevorkian y Karate Kid, dos imágenes de las contradicciones morales a las que nos enfrentamos en este mundo nuevo y caótico.

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