Ahora leer está de moda

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Hubo un tiempo en que el correo venía en papel

y era un poco más seguro que solo leyera la carta el destinatario.

Hace solo algunos años escribir era cosa de lápiz, papel y mesa. En esos tiempos escribir una carta o una tarjeta era guardar la esperanza de que fuera contestada. Recuerdo con nostalgia y precisión algunas cartas muy tristes y otras muy alegres que llegaron hasta mis manos. También recuerdo algunas que creo que nunca llegaron a su destino. Una carta era un secreto que viajaba de mano en mano sin que nadie pudiera ni debiera  saber de qué se trataba su contenido, salvo mi madre que nunca entendió que la correspondencia era privada, aun la de sus hijos, y a la que siempre sorprendí viendo las cartas que me llegaban al buzón de la casa. Yo siempre he amado  las cartas y las tarjetas.

Pero de un tiempo para acá escribir parece más una tarea pasajera y sin compromiso. Por los medios electrónicos se escribe de cosas totalmente dispares, desde de naves nodrizas camufladas de nube, si a Alejandra Guzmán se le estalló una nalga o si Ricki es gay o no. Se escribe de fríos robotitos de mano llamados celulares o en correos electrónicos y muros públicos de la vergüenza.  Pareciera que todos tienen el derecho de ver nuestros secretos y saber si nos duele una roncha, si estamos trabajando o viendo tele, si votamos por melón o por sandía. En esa ensalada de comunicación seudo correo hay de todo viejos amigos y nuevos enemigos; amigos secretos y enemigos públicos lo que menos hay es secretos personales. Estas llamadas redes sociales nos ponen en vilo. ¿Qué tal si de pronto se enlaza a la red alguien que si bien es mi amigo está siendo perseguido por otro que yo conozco? O  si alguien da en mi red con alguien indeseable. No, una persona que pierde sus secretos pierde su misterio. Por eso me borro del facebook. Y por eso  tartaré este año de escribir más cartas en papel y menos en pantalla. Esto no es para que algún día sean publicadas como las cartas de Antonin Artaud o las de Jung y Freud, no simplemente son para conservar un poco de ese misterio  que a todos nos hace personas.

Seguro que mis amigos apreciarán mucho más mis cartas en papel que esas cosas que viajan por la internet  y que quizás, como lo hizo un día mi madre, ahora Barak Obama se divierta leyéndolas sin que nosotros nos demos cuenta.

Para incentivar la lectura ahí les queda un video que además de simpático es muy original y educativo, aunque no deja de ser contradictorio y paradójico que se vea un video para incentivar la lectura. Abur.

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